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domingo, 22 de marzo de 2020

Sustancias ilegales

Hay que ver la cantidad de gentuza y morralla que hay en mi pueblo y alrededores dedicándose al tráfico de estupefacientes. El delito menos grave, es la venta de tabaco a granel, pero que genera unas ganancias mininas a quien se dedica a ello, con la consecuente pérdida en impuestos indirectos sobre las labores del tabaco, que se estaría beneficiando el estado, y por tanto, todos nosotros, españoles.

Hay quien se dedica a plantar una semilla de cáñamo y hacer su propia marihuana, y quien lo hace para la venta al público. Quien no, se dedica a temas más complicados y delitos más graves como el tráfico de cocaína y otros estupefacientes más dañinos, entre ellos, el opio y sus derivados.

Pero es que hay, en nuestros campos, lugares donde se planta legalmente todos estos productos, para bien, farmacia, medicamentos o para su venta regulada.

Yo lo veo como las transacciones económicas donde no hay factura detallada o donde no figura ningún impuesto ni nada, versus, las transacciones económicas cien por cien legales.

El problema de la droga es algo que lleva con los seres humanos, desde siempre. Desde que el ser humano es humano, y desde que Dios dijo la primera palabra. Hizo al mundo, al hombre, y todos los animales y plantas que hay en él. Porque las drogas no son sino plantas o productos orgánicos que más allá de ser alimentos, nos producen un efecto alterado de nuestra conciencia. No digo que esté ni bien, ni mal, simplemente que está. Y como está, ha estado y estará, a veces puede causar problemas a los consumidores de estas sustancias. Conociendo los riesgos y gracias a la sanidad pública de este país, a la información en centros de enseñanza y demás, hacemos a nuestra población más resistente a padecer una adicción severa a cualquier de estas sustancias.

La cosa está en si legalizar la droga o no legalizarla. El tabaco es legal, el alcohol también. El tabaco es altamente adictivo y el alcohol es la droga dura legal más peligrosa que existe. Si no, pregúntenselo a cualquier exalcohólico. Porque el alcohol puede llegar a matar. Pero en dosis controladas, puede llegar a ser una experiencia muy placentera. Lo mismo digo de la marihuana, pero es una droga blanda que conlleva una alta peligrosidad por el potencial que tiene de generar demencia. Así como cualquier otra droga alucinógena que son altamente peligrosas en cuanto a efectos dañinos también de enfermedad mental severa.

La cocaína es un veneno que te mata poco a poco sin darte cuenta, te lleva a la bancarrota y va ligada al consumo de alcohol en altas dosis y otros estupefacientes.

Éxtasis, pastillas, pirulas, ácidos, cristal, crack… Todo mierda pura. Sintética y de laboratorio, pura química.

Opiaceos: Heroína, relajantes musculares, ansiolíticos… El efecto opuesto al de la cocaína. También altamente adictivos e igual de dañinos.

Señoras y señores, ¿Legalizar todo esto? Pues un día estaba yo muy convencido de legalizar todo tipo de drogas. Para acabar con ello con todo tipo de mafias.

Hoy en día, pienso que las mafias no se acabarían con la legalización de las drogas. Quizás si habría un mayor control en la calidad de las sustancias, evitando riesgos al consumidor. Pero creo, ante todo, que lo que se necesita es mucha concienciación.

Y decir que gran culpa de que el país no vaya como debe, es a causa de este tráfico, generador de dinero negro, delincuencia y pobredumbre.

Sean conscientes de la existencia de este problema y eduquen bien a sus hijos. Que vayan a la escuela, desde bien pequeños a la guardería, que estudien, se formen para ser unos buenos ciudadanos. Padres y madres, tienen una gran responsabilidad cuando deciden traer una nueva vida al mundo, sean consecuentes.

La Puebla de Cartagena a 22 de Marzo del 2020


Juan Montoya López, Almirante.

jueves, 5 de marzo de 2020

Gente pa tó

¿Sabéis? Sois todos y todas, unos hipócritas y unos imbéciles. Vivís más preocupados por la vida de los demás que de vuestra propia vida. Más preocupados por lo que ocurre en casa del vecino que en la vuestra.

Preocuparos por vuestros padres, por vuestras parejas, por vuestros hijos, por vuestras mascotas, por lo vuestro, y dejad el mundo correr.

La gente come, bebe, caga, mea, se masturba, tiene sexo si puede, fuma, se droga, van en bicicleta, caminando, en motocicleta, coche, autobús, camión, tren, barco y avión. Unos saben leer y escribir, y otros no son más que unos pobres analfabetos. Hay gente inculta, que no quiere decir tonta. Muy borrega, pero no tonta. Como también hay gente muy culta, y muy, muy tonta, con el pavo muy subido.

En este mundo de Dios, hay, como dijo el torero, “Gente pa tó”.

Que si yo vivo solo con dos perros, que si me gusta la música, las artes, que tuve novia mexicana, que si soy más o menos famoso, oye, y que sonó la flauta y me hice almirante, váyanse todos a la mierda. Ni tan siquiera sé yo mismo lo que significa ser almirante. Ahora estoy comenzando a darme cuenta de la gran responsabilidad que supone este cargo. Por eso mismo, unas veces quito el banderín de mi puerta, porque noto que es arriesgado, y ni si soy capaz de llevar conmigo tal responsabilidad.

Muchas veces no tengo seguridad de lo que debo o no debo hacer, qué se espera de mí, ni por qué o por qué no tengo o no tengo que detener a alguien. Me dedico a marcar lo malo que veo por ahí. Pero es que en este mundo nadie estamos libres de pecado. Y es muy arriesgado meterse a juzgar a las personas. ¿Que es la justicia? ¿Cual es el sentido de lo justo? Porque cuanto más te adentras en la causa que estás juzgando, más te das cuenta de las razones que tienen las personas para hacer lo que hacen. Ves las cosas con una perspectiva que te hace pensar que no eres nadie para recriminar a nadie por lo que hace o no hace. Como muchos de ustedes, parece ser que sí hacen.

A muchos de ustedes, les debería dar vergüenza meterse en la vida de los demás, les debería dar vergüenza juzgar a los demás. Por eso, cuando yo veo las cosas que ocurren en este mundo, por qué la gente lo hace, me siento incapaz de detener a nadie.

Por favor, no se detengan, continúen con sus vidas, dejen el mundo correr, por favor, circulen. Hagan sus cosas, vean la televisión, hablen del tiempo, de las noticias, los programas de radio, escuchen música, lean libros, pinten, toquen algún instrumento musical, trabajen, tengan sexo, disfruten de la vida al máximo, y piensen que debemos convivir todos, así que todos nacemos con unos valores innatos, nacemos como aquel que dice “Aprendidos” o “Enseñados” a saber lo que está bien y lo que está mal. Hagamos lo que hagamos, tenemos la libertad de elegir el bien o el mal. Por favor, no se equivoquen, piensen muy bien qué camino van a escoger.

Atentamente:

Juan Montoya López, Almirante.


La Puebla de Cartagena a 5 de Marzo del 2020

lunes, 2 de marzo de 2020

LA VERDAD Y TODA LA VERDAD

En mi casa estamos todos muy locos. Yo, me tomo toda la medicación contra la locura que, en realidad, deberían tomar ellos. Como se dice: Por mí y por todos mis compañeros. Así, que el hermano pequeño, el más joven, es el que carga con la locura y la culpa de los demás, la condensa en si mismo y la libera a través de la medicación, el tabaco, el café y las pajas que me hago después de cenar.
Mi abuelo materno, dicen que era muy bueno, muy altruista, que hizo mucho por nuestro pueblo y que tristemente murió. Su mujer, mi abuela, se quedó viuda, y a cargo de ella, un hijo soltero y la hija menor, que iba para monja, pero truncó su carrera en pos de cuidar a su vieja madre.

Un mal día, mi abuela decidió quitarse la vida tirándose a un aljibe, cuando nadie lo esperaba y nadie la veía. Esto supuso una gran carga de culpa para su hija menor, (mi tía), y para toda mi familia materna, incluidos mi hermano y mis cuatro hermanas.

Yo aún no había nacido. De hecho, mi abuela paterna también había fallecido, pero por causas de la edad. Así que cuando yo nací, me encontré un panorama desolador en la familia, y a mi único abuelo, encantadísimo de su nuevo nieto. Encantadísimo mi abuelo, y encantadísima toda mi familia, generando las adulaciones de las hermanas y tías, la adoración del pueblo y la pequeña envidia de los primos que hasta entonces eran los más queridos y mi pobre hermano, que cayó como príncipe destronado.

Crecí ignorante de toda esta historia previa a mi nacimiento, como es natural, hasta que con los años me he ido dando cuenta por mí mismo, porque como suele pasar, en un pueblo tan pequeño como el mío, todos saben la verdad, menos el que tiene que saberla.

Así que crecí además, bajo la protección, o sobreprotección, de mis tías, hermanas, mi madre y para ya, que mi madre, manda romana. Con ella ya tenemos para escribir una biblia.

Por una razón u otra, la causa de mi enfermedad mental, o la locura que sufro, a causa de la locura de mi familia, se acentúa con el silencio, con el tabú, con el no hablar las cosas.

Mi madre envejece a pasos agigantados, se nos va muriendo, igualmente mi padre. Mi tía, la que padeció tanto a causa del suicidio de su madre, se está encargando pacientemente de su hermana, (mi madre) y yo, en la medida que puedo, de mi padre.

A mí me dieron corrientes (TEC) (Electroshock) porque una de las veces que estuve ingresado en el hospital, sucedieron cosas muy horribles. Cosas que debían ser borradas de mi mente, para que no me perturbaran. Ahora que mi madre y mi padre, envejecen, se les escapan cosas. Yo no quiero oírles, porque en realidad tengo intuición de lo que ocurrió. Pero es tan doloroso y repugnante, como mi tía puede sentirse culpable por el suicidio de su madre.

Nos quedamos, mis padres, que son dos viejos gruñones, mi tía, que es neurótica perdida, pero es además, una excelente persona con un gran corazón. Y yo, de quien habla todo el pueblo, toda España.

Me dan ganas de llorar.

Mejor releo esta carta mientras me fumo un cigarrillo.

Que pasen un buen día.

Juan Montoya López, Almirante.


La Puebla de Cartagena (Murcia) España a 2 de Marzo del 2020