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jueves, 29 de agosto de 2019

Agricultura o Turismo

Agricultura o Turismo

Señores y Señoras, se dice que los agricultores vierten nitratos a las ramblas que desembocan al Mar Menor. También se cuelan por el subsuelo y se filtran hacia las aguas de esta laguna salada.

Los nitratos es de lo que se alimentan las plantas. Es decir, son abonos. Los abonos son Químicos o Naturales. Los Químicos son anti cultivo ecológico. Y los naturales, son básicamente, mierda. Y no estoy hablando en doble sentido. Mierda de la de toda la vida, de la que sale del ano de las gallinas, los cerdos, los caballos… y otros restos de residuos orgánicos.

La mierda, echa peste. Esto es de cajón. Y la peste atrae a las moscas. ¿Nunca han oído lo de que se pega como una mosca en la mierda? Pues sí, hay moscas, mosquitos…etc, etc.

Y a causa de la filtración de esta mierda o abonos, nitratos, o como quieran llamarles, por la acción del agua, al regar las plantas o por la propia lluvia, dicen los científicos que el Mar Menor está contaminado, o que es poco beneficioso para la estabilidad de esta laguna salada.

Por un lado, el campo está dando de comer a mucha gente. Aunque también es verdad que hay unos pocos, que han hecho mucho, mucho dinero, y aún quieren más. No están dispuestos a abandonar el negocio de la agricultura.

Por otro lado, se habla de Murcia Turística. Y, ¿Cómo vamos a promocionar una Murcia Turística?, con un Mar Menor contaminado, unos pueblos rodeados de agricultura intensiva y olor a mierda, junto con plaga de moscas y mosquitos. Parece poco coherente ¿No?.

Así que, aclárense la mente, señores políticos, y, o pensamos en dar trabajo a la gente, mediante la agricultura, o damos trabajo a la gente en el sector servicios, como camareros, traductores de ingleses ancianos que van al médico, hoteles, campos de golf y demás.

Así que, no tanta agricultura, ni tanto turismo, y seamos incoherentes y convivamos en esta ensalada de lechugas, melones, brócoli, ingleses, alemanes, moros, gitanos, fascistas, estudiantes, campos de golf, Mar Menor hasta los topes, y vivamos todos juntos, revueltos y que corra el aire, y si se corre, que le dé gusto.

Juan Montoya López

La Puebla de Cartagena (Murcia) a 29 de Agosto del 2019

lunes, 26 de agosto de 2019

Un Cuerpo Gordo sin Experiencias

Una especie de oso-marmota, dormilón, comedor, fumador y pajillero. Después de la crisis de los cuarenta, ya con dolores en las rodillas, acostumbrado al dolor de espalda baja, al abultamiento desastroso e incómodo de mi enorme barriga. El tiempo gastado en casa sin salir. Sin hacer deporte, sin caminar, de café en café y de cigarrillo en cigarrillo.

La vida decide dar un cambio. Y es paulatino. 
Amo a las mujeres con locura y con pasión. Aunque no se me note. Aunque ellas digan que soy frío (o lo piensen). Es tan sólo timidez que se convierte en un nerviosismo y una tensión, un cúmulo de temblores reprimidos, para que la gente no note que estoy nervioso. Todo esto hace que me encuentre incómodo, aunque en el fondo deseo estar con la gente, hablar con las mujeres, ligarlas y hacerles el amor (más aún que simplemente follarlas).

La falta de ejercicio, la gordura y el exceso de tabaco, están haciendo merma en mi cuerpo. También los años. Porque me cuesta mucho hacer cualquier cosa. Y no, no voy a hablar de los efectos de la medicación, porque los doy ya por hecho.

Esta vuelta paulatina, este vuelco que me ha dado la vida, es gracias a un grupo de amistades, que me han abierto una nueva visión de la vida. Una perspectiva más amplia del futuro. Una expansión de mis vivencias.

Mi crisis de los cuarenta y la ruptura con mi antigua pareja, me dejaron destrozado, como unos zorros.

Amo a las mujeres. Pero me da miedo volverme a enamorar, porque duele, duele mucho.

Ay, Dios, que llevaba ya más de un año y medio sin catar coño. Y el Domingo, que follé, intentando hacer el amor, aunque fue más como un deporte con un final feliz. Me di cuenta de la mala condición física en la que me encuentro. Ya no es lo gordo, que importa; es el maldito tabaco. Que me falta fuelle. Que me ahogo.

Tengo que hacerle caso a mi enfermera, a mi psiquiatra, a mi médica de cabecera, y ponerme a hacer algo. Tengo que subirme menos al coche y a la moto, y caminar más, subir escaleras. Porque de aquí hacia delante, el cuerpo se va degradando poco a poco. Y me estoy haciendo mierda.

Llevo dos años sin experiencias. Dos años sin sexo. Dos años desde que me dejó mi novia. Dos años destrozado. Dos años en los que me quería morir.

Ya es suficiente. Ya he tenido bastante. Ya es hora de salir de este infierno.

Dios, ayúdame.


Y si esto que me ha pasado, es para que me haga mejor persona, y experimente la desidia. Ya es suficiente.

lunes, 22 de abril de 2019

¿Quien nos protege de quienes nos protegen?

Hace un año, aproximadamente, sufrí la ruptura con mi pareja, de la que estaba muy enamorado. Esto ha sido muy duro y difícil para mí. Un proceso lento y doloroso. Todo esto me causó un brote psicótico. Dentro de mi enfermedad (esquizofrenia) es algo normal. Pero llevaba casi diez años muy estable, sin ningún síntoma y bastante recuperado.

En mi pueblo, un pueblo pequeño, una persona en mi estado, es difícil que pase desapercibida. Dentro de mi brote psicótico, he hablado con personas variopintas, desde militares, políticos, alcaldes, concejales, galeristas de arte, musulmanes, artistas y personas sumidas en la miseria.

Todo este mejunje de personas varias, con sus vidas, las conversaciones con ellos, el que hubiera sido Semana Santa y al poco, ramadán, crearon en mi cabeza una ensalada de ideas bastante densa. Hablé con el ex alcalde de Cartagena, con el concejal de cultura de Torrepacheco, con galeristas de Cartagena y Torrepacheco, con un artista de un pueblo vecino con una enfermedad similar a la mía pero que prefiere llevar en silencio, con gente que vive en la calle, con militares oficiales y suboficiales, con muchos musulmanes, entre ellos, artistas, campesinos y gente de malvivir, con gitanos y okupas.

La cosa es que dentro de la idea paranoica que me rondaba la cabeza, una de ellas era mi título de marqués de la Ensenada, almirante y de que se me permitía hacer uso de la gasolinera a mi gusto y placer. Ya sé que es absurdo, pero para mí, entonces, lo pensaba así. Entonces, llené el depósito de mi vehículo y le dije a la chica de la gasolinera: “Tú pagas”, y me fui.

A los días, me detiene la guardia civil, acusado de robo con intimidación, en una gasolinera.

La chica me había denunciado diciendo que le había sacado un cuchillo. Yo no salía de mi sorpresa, porque efectivamente, yo me había ido sin pagar de la gasolinera, pero no recordaba haber sacado o tenido ningún cuchillo en mi automóvil.

De hecho, tras comprobar las cámaras del establecimiento, no constaba que se me viera con ningún cuchillo ni haciendo ningún ademán de violencia.

El caso es que fui encerrado en un calabozo todo un día, esposado. Y hay que decir lo que duele llevar unas esposas, además de dolorosas, incómodas. Estar en un calabozo no es algo precisamente agradable. Tampoco es agradable que te fichen como un vulgar delincuente, ni defecar en un agujero en el suelo y lavarse la mierda con las manos en un lavabo. Dormir sobre un poyete de piedra. Estar encerrado sin ventanas y con una luz artificial, amarilla y tenue. Menos agradable es escuchar los gritos de los demás.

Al tiempo fue el juicio. La chica no quería retractarse de su denuncia, pese a haberme ya, unos días antes, disculpado y devuelto el dinero que correspondía a mi consumición de gasóleo.

Me dijeron que me enfrentaba a una pena de un año de cárcel.

La vida es injusta, pero más injusta es la justicia. Paradójicamente.

Poco a poco, he ido recuperando la cordura, pero me cuesta más trabajo salir a la calle y me dan un miedo horrible, los policías, la gente uniformada y las luces estroboscópicas.

La policia se supone que nos protege, pero ¿quien nos protege de la policia?

Piensen un poco 


Juan Montoya López