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sábado, 13 de febrero de 2016

KARMA

Tantos años, y tantas veces en las que he puesto verde a la sociedad, al mundo y a la vida, cuando uno viene a darse cuenta, que ni la sociedad, ni el mundo son tan malos, que si uno viene a la vida, no siempre es a sufrir, sino dependiendo del punto de vista con el que veamos la realidad o de cómo nos comportamos con nuestro entorno.

Una vez más, las filosofías orientales tienen la razón, con esa sabiduría acumulada a lo largo de los siglos, que contienen explicaciones, técnicas y modos de vivir, que explican cosas que se nos pueden pasar por alto, de una forma práctica y totalmente funcional.

Estoy hablando del karma, un término algo confuso, difuso y poco concreto, que nos viene a explicar llanamente, que los actos que efectuemos tienen una repercusión directa o indirectamente en nuestras vidas. Si hago algo malo, no es que vaya a ir al infierno, no, ni mucho menos, es que ese acto negativo, dependiendo de su magnitud y de la intencionalidad que lleve, me va a afectar tarde o temprano en mi vivir cotidiano. Vamos, lo que algunos llamamos, la ley del boomerang. Toda acción, positiva o negativa, vuelve a nuestras manos, del mismo modo en la que la hemos emitido.

Es algo que me costó un gran esfuerzo entender en su día, y que gracias a mi experiencia diaria, acabo de entender de una forma consciente y clara.

Alguien que se meta en un mundo oscuro, tenebroso y maligno, como puede ser el de las drogas, se irá adentrando paulativamente en él, hasta que toda su vida sea oscura, tenebrosa y llena de dolor. Sólo hay que hacer un esfuerzo continuado, consciente y sostenido, lo suficientemente duradero en el tiempo, para que esa energía negativa o karma, dé la vuelta y nos comiencen a suceder cosas positivas.

Del mismo modo, que el que vive en un mundo oscuro, tiene el vicio de ir repitiendo el mismo modelo doloroso, una y otra vez, cuando el individuo, consciente de este dolor, cambia su modo de actuar, puede ser cuestión de meses, años, dependiendo de cuán abajo esté, para que este modelo cambie y se convierta en algo positivo y lleno de luz.

No es que si somos buenos iremos al cielo. Es que, si somos buenos, estaremos viviendo en el mismísimo cielo ya mismo, sin necesidad de irse al otro barrio.

Juan Montoya López

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