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martes, 6 de febrero de 2018

El día de San Juan

Hola, amor:

Anoche se me enojó bien cabrón mi mamá.

Qué mala uva tiene la ñora Carmen.

Todo este tiempo he estado saliendo. Venciendo mi agorafobia. Relacionándome con unos y con otros. Creando contactos dentro del mundo del arte. Y al final me doy cuenta que España y México no son tan diferentes.

Te vas a Cartagena, al barrio de Andrés y me doy cuenta que no es tan diferente de cualquier barrio de Culiacán.

Con la salvedad que en Culiacán apareces descuartizado. Y en Cartagena (en mi caso) me encuentro a todos mis familiares y vecinos cuchicheando y hablando estupideces sobre mí.

Que si soy un mafioso, que si soy un drogadicto, que si me he vuelto loco, que si, que si tal y cual.

Todo mierda pura.

Al final tengo que hacer lo que tengo que hacer. Que es hacer mi vida e ignorar a todos los estúpidos y estúpidas de turno, ya sean vecinos, conocidos, familiares, hermanos, papá y mamá.

Todos me dicen lo que tengo que hacer. Pero al final me dicen que no haga lo que tengo que hacer. Que lo que tengo que hacer es ser bueno, dócil y obediente. Y a mí me da la risa.

Me río de la incoherencia de las personas, de la hipocresía de la gente. Y te vas volviendo cada vez más cínico.

¡Váyase usted a la mierda!

Tal y como dijo el honorable y ya fallecido Fernando Fernán Gómez.

Al final nada hay seguro en esta vida, salvo que cada uno sabe perfectamente lo que le corresponde hacer. Únicamente que sólo unos pocos se saben conformar. Y otros tienen más valor y se arriesgan más.

Siempre, siempre, el hombre puro e inocente, a la hoguera.

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