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sábado, 13 de febrero de 2016

¿Dónde está mi cigarrillo?

¡Ay, Dios mío! Recuerdo aquellos tiempos en los que se permitía fumar dentro de los bares. ¿Imaginan el choteo que han tenido que soportar cantidad de propietarios de bares por parte del gobierno? Primero lanzan una ley antitabaco, en la que se permite fumar dentro de aquellos bares previamente adaptados para tener una zona especial para fumadores. Osea, que muchos bares, por miedo a perder gran parte de su clientela (fumadores todos ellos), hacen una inversión para hacer una zona reservada para los que fumamos, podamos fumar. Parece ser, que muchos políticos, desconocen el placer de fumar mientras se bebe alcohol. Ignoran que al beber, te apetece fumar. No saben que muchos de los que no podemos disfrutar del tabaco en casa, tenemos unos refugios llamados bares, en los que te puedes, o podías, permitir echar un pitillo, que va ligado al café con leche, cortado, bombón, asiático o como quiera que se llame en la capital de nuestra región, mientras te apoyabas en la barra del bar, con los pies colgando desde lo alto del taburete, echando miradas fugaces a ese amor platónico de chichinabo, que es la bella camarera.
Y señores, la jodienda ha sido doble. Doble, porque con esta ley, que más de ley, tiene más de moda y tocapelotas, y lo que es de ley, es que tras el gasto de los propietarios en adaptar sus bares a los fumadores (¡Qué siniestro!, ¡Si en los bares se va, no solo a beber! ¿Qué es un bar sin su nube de humo?) los vuelven a joder, para decirles que ésas reformas ya no sirven de nada, pues ya no se puede fumar, ni en las zonas que han adaptado para los fumadores. Ahora, quien quiera fumar, se va a la calle. Y ¡Ojo! Que sea en una terraza adaptada especialmente para ello. Si en algo hemos salido ganando, es que ya no podemos disfrutar de la barra del bar, si no es para pedir o ir a pagar. Si en algo hemos salido ganando, es que ahora, ves la calle. En primavera y en verano, puede llegar a estar bien, porque si no hace mucho calor, es agradable. Pero en invierno, te hielas hasta lo más colgandero que puedes tener en el pantalón, vamos, los huesos, o los testículos, que para el caso es lo mismo nada más que con “v”.
Y pena, el que no tenga terraza, porque, al menos yo, siempre voy a un bar, desde ahora, con la condición que tenga terraza para fumar. Pues la verdad, no veo sentido ir al bar, si no puedo disfrutar de un pitillo con la consumición.
Y ahí están los políticos, orgullosos de cuidar de nuestra salud, subiendo el precio de las cajetillas, prohibiéndonos fumar en ciertos lugares. Caza de brujas lo llamo yo. O copiarse de las leyes, tontamente, de otros países, como las de los Estados Unidos, por puro snobismo. Del mismo modo que comenzamos a fumar en este dichoso país, por snobismo, por imitar al americano cowboy que fumaba chulamente su cigarrillo american blend. Cuando un cowboy, no deja de ser un vaquero, y un vaquero, es el que se dedica a cuidar vacas y toros, vamos, como los que hay en Andalucía y se dedican a la ganadería, precisamente, para las corridas de toros, que tan de moda está hoy en día ir prohibiéndolas. Salvo cuando el vaquero es de los Estados Unidos y se dedica a criar toros para montarlos salvajemente en los rodeos, entonces es cool, guay o amazing.
¡Ahora se respira aire puro en los bares! Vamos, a sobaquillo, a sudor y a culo, en definitiva, a humanidad. Al menos, antes, el humo del tabaco disimulaba a todos estas pequeñas pestes que echamos las personas.

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