Juan Montoya López
La Puebla de Cartagena, Lunes 16 de Enero del 2012.
Hoy en día, casi todo el mundo, la mayoría de personas, niños, adultos y mayores, tiene, si no una línea fija de teléfono, seguro, uno o varios teléfonos móviles. Cuando no, una conexión a internet, ya sea dentro de esta línea fija, en su propio teléfono móvil o vía módem USB.
Y es lo que reina en estos días: Las telecomunicaciones.
Pero a la vez, las empresas de telecomunicaciones, ejercen un abuso, por no decir un robo en toda regla, a sus consumidores.
La publicidad siempre es engañosa, porque los productos que se ofrecen, o no cumplen las propiedades que se dice tienen, o lo que parece ser un regalo o una superoferta, es una forma, disfrazada, de cobrarnos, o robarnos, mientras nosotros sentimos que estamos pagando poco, o que nos están haciendo un favor.
En mi caso, tengo teléfono móvil, desde hace mucho, mucho tiempo, casi desde el principio, cuando casi nadie tenía móviles. La razón, que tuve que pasar un tiempo alejado de casa, y para poder estar en contacto con los familiares, me compraron uno de éstos aparatos diabólicos.
Claro, que son preciosos. Incluso entonces, que eran ladrillos, eran bonicos y deseables. Incluso entonces que ni tan siquiera se podía enviar un simple SMS.
Ahora, es raro quien no tiene uno. La cosa ha avanzado tanto, que ya no es que se puedan enviar SMS, es que tienen conexión a internet, a las redes sociales, y algunos son tanto o más avanzados que cualquier ordenador portátil de uso cotidiano.
La dependencia a estos aparatitos tan bonitos, tan cucos, preciosos y con los que podemos hacer cosas asombrosas, normales hoy, pero alucinantes para cualquier persona que viviera hace 15 años, va en crescendo. Hay incluso, gente, diagnosticada de dependencia al uso del móvil, del internet y de los ordenadores. Pero vamos, eso es una nueva enfermedad, inevitable, al aparecer en nuestras vidas un nuevo elemento. Como había gente adicta a la televisión, cuando apareció en sus días, y fíjate que hoy en día, casi nadie le hace caso.
Pero el motivo que me hace escribir estas líneas, no es ese. El motivo es la forma flagrante con la que roban las compañías de telecomunicaciones al consumidor.
Hoy en día, darse de alta en cualquier línea de teléfono, es firmar una sentencia de cadena perpetua, de la que se sale, pagando una fianza.
En mi caso, no se si saben, estuve en México hace unos meses. Ya sabemos que el roaming es una putada, y cuando uno se va a otro país con su móvil de siempre, debe estar preparado para la clavada a fin de mes. Así que, preveyendo la que me iba a caer encima, llamé al 1004, porque en mi caso, “soy”, o lo que es lo mismo, tengo una cadena perpetua con Telefónica, conocida hoy en día como Movistar, y les avisé que me iba al nuevo continente. Vamos, que hicieran las gestiones pertinentes para, primero, que me funcionara el teléfono en México, y segundo, que no me saliera la cosa por un disparate. En México y en toda Latinoamérica, está la compañía española, Movistar. Vamos, que tienen el monopolio de las comunicaciones en casi toda América. Razón por la que es una de las compañías más grandes del mundo. Y razón por la que pensé, que al no cambiar de compañía, todo iba a ser más fácil y barato. Mentira.
Al llegar a México, el teléfono no me funciona. Así que tuve que comprar una tarjeta de cabina de teléfonos y llamar a España para que hicieran las gestiones pertinentes para que me funcionara el móvil.
Bien, a los días, comenzó a funcionar. Sólo hice 5 llamadas en las 3 semanas que estuve. Por lo que me clavaron casi 200 euros. Pero la cosa no acaba ahí. Yo tengo una de ésas Blackberry’s. Y qué putas son. Pues me clavaron otros 200 euros más, porque al aparatico le daba por conectarse a internet cuando le daba en gana. Él solico. Vamos, la gracia de tener aplicaciones instaladas y que es un teléfono inteligente. Aunque yo más que inteligente, lo llamaría hijoputa.
Cuando llego a España me llega la bonita cantidad de casi 400 euros de móvil. Bien, llamo a Movistar, porque me habían devuelto la factura en el banco, y les digo que vuelvan a pasar el pago. “Veo que ha gastado más que otras veces, señor Montoya”, me dice la telefonista. Si, hijamía, es que he estado en el extrangero, y ya se sabe lo que pasa con el roaming. “La próxima vez, señor Montoya, póngase en contacto con nosotros antes de viajar y le prepararemos el teléfono para que no gaste tanto”.
Ja, já, ja, já. ¿Me río o la mato?, preferí resignarme, porque ¿Que hice? ¿No llamé a Movistar antes de iniciar el viaje? Vamos, que juegan con uno como les da la gana.
Y es lo que tienen las compañías grandes. Que roban más y mejor. Como allí todo es tan grande, es más fácil, entre todos, lavarse las manos.
Bien, ya que estoy, quiero hacer un cambio de titularidad. Pues el teléfono, que estaba a nombre de mi señor padre, lo quería a mi nombre.
“El cambio de titular se lo vamos a hacer gratis”
Hombre, gracias, coño.
¿Alguna otra consulta?
¡No, no!
Espere que dentro de unos segundos le llamaremos para que responda a unas preguntas.
Ya sabemos, los que llamamos a los servicios de atención al cliente, comportarnos con las máquinas y con las señoritas, humanas. Vamos, que ya saben de qué va todo este choteo, para qué les voy a seguir contando.
Pues no acaba ahí la cosa. Hace unos 5 o 6 días, osea, sobre el 11 de Enero, me cortan el teléfono. ¡Joer!, digo yo. Seguro que no tenía dinero en la cuenta y por no pagar, me han cortado el teléfono.
Bien, el día 14, me cobran 99 euros. Y pienso por qué me han cortado el teléfono, si se han cobrado ya el servicio.
Llamo otra vez al 1004.
Sí, es que aún debe 4 euros y pico, y por eso le hemos cortado la línea.
Bueno, ¿Y a qué tardan para cobrarse los 4 euros y pico?
Es que los tiene que ingresar en correos, que así le volveremos a conectar la línea en 48 horas.
Pues, ¿No está domiciliado el pago?
Es que si lo paga por el banco, le tarda la línea en volver a esta efectiva, 72 horas.
¿Y a mí qué más me da un día más?
En resumen, que por cuatro euros de mierda, me cortan el teléfono, y tengo que desplazarme a correos para efectuar el pago.
Cuando he estado pagando cantidades mucho mayores, injustamente.
Cuando no me ha llegado ninguna factura.
Cuando te tratan como a un delincuente, cuando te dicen que van a grabar la conversación.
Miren ustedes, señores de las compañías de telecomunicaciones, se quejan de los políticos, se quejan de los que roban dinero público, pero ante ustedes, me quito el sombrero, porque hacen del robo, todo un arte sofisticado.
Enhorabuena.
Y gracias por darme tema para escribir.
Ahora, si esperan que me desplace a correos para ingresar cuatro euros y pico, prefiero quedarme la blackberry como objeto inanimado de colección.
Un fuerte saludo.
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