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martes, 6 de febrero de 2018

El día de San Juan

Hola, amor:

Anoche se me enojó bien cabrón mi mamá.

Qué mala uva tiene la ñora Carmen.

Todo este tiempo he estado saliendo. Venciendo mi agorafobia. Relacionándome con unos y con otros. Creando contactos dentro del mundo del arte. Y al final me doy cuenta que España y México no son tan diferentes.

Te vas a Cartagena, al barrio de Andrés y me doy cuenta que no es tan diferente de cualquier barrio de Culiacán.

Con la salvedad que en Culiacán apareces descuartizado. Y en Cartagena (en mi caso) me encuentro a todos mis familiares y vecinos cuchicheando y hablando estupideces sobre mí.

Que si soy un mafioso, que si soy un drogadicto, que si me he vuelto loco, que si, que si tal y cual.

Todo mierda pura.

Al final tengo que hacer lo que tengo que hacer. Que es hacer mi vida e ignorar a todos los estúpidos y estúpidas de turno, ya sean vecinos, conocidos, familiares, hermanos, papá y mamá.

Todos me dicen lo que tengo que hacer. Pero al final me dicen que no haga lo que tengo que hacer. Que lo que tengo que hacer es ser bueno, dócil y obediente. Y a mí me da la risa.

Me río de la incoherencia de las personas, de la hipocresía de la gente. Y te vas volviendo cada vez más cínico.

¡Váyase usted a la mierda!

Tal y como dijo el honorable y ya fallecido Fernando Fernán Gómez.

Al final nada hay seguro en esta vida, salvo que cada uno sabe perfectamente lo que le corresponde hacer. Únicamente que sólo unos pocos se saben conformar. Y otros tienen más valor y se arriesgan más.

Siempre, siempre, el hombre puro e inocente, a la hoguera.

martes, 29 de marzo de 2016

Antonio López Martínez, Antonio el del estanco.

Hoy ha fallecido mi tío Antonio, que era mi padrino.
Hombre de teatro, gran aficionado a las nuevas tecnologías relacionadas con la imagen y el sonido.
Fue de bien joven aficionado a la fotografía artística, plasmando en ella retazos de su entorno, a veces disfrazado con, literalmente, disfraces, teatro, humor y una intuición por el lenguaje cinematográfico, que buenamente hubiera dado grandes frutos si se hubiera trasladado a las grandes capitales, Barcelona o Madrid.
Prefirió quedarse en su tierra, unido a su pueblo y a Cartagena, donde su admirado, querido y respetado padre, Juan López Gambin, hizo un nombre propio debido a su esfuerzo altruista por mejorar un pueblo, desde las tediosas negociaciones con los políticos por conseguir mejores y más modernos servicios para los habitantes.
Antonio mantuvo el negocio de su padre, quedando su genio encarcelado dentro de esos paquetes de tabaco, las loterías de la iglesia, las quinielas, dando servicio a su interés por la fotografía desde el retrato humilde de todas las gentes que pasaron por la tienda y de cuantos eventos sucedieron en La Puebla.
Fue al final de su vida diagnosticado de un Alzheimer que se lo ha estado llevando poco a poco. Apagándose como una vela, esta tarde dió el último suspiro.
Antonio fue ante todo un amante de las artes y el teatro. Director de teatro, escritor, fotógrafo, cineasta...
Otro de tantos artistas talentosos que no desarrollan su creatividad más allá de lo que le es permitido sin abandonar sus raíces.
Antonio se mantuvo fiel a los suyos y a su tierra, por encima de la grandeza de su obra.
Que Dios lo guarde en su gloria y que disfrute del cielo dando fin a su largo tormento.

Juan Montoya López 

sábado, 13 de febrero de 2016

Durmiendo en el hospital

Tengo un problema con el sueño. Cuando duermo, ronco tanto, que a veces me despierto a mí mismo. Pero no es ese el único problema. Es que me quedo atascado. Lo que se conoce como apnea del sueño. Vamos, que me quedo un pequeño momento sin respirar. Esto hace que no descanse bien, me despierte varias veces y puede llegar a ser peligroso. Osea, que me puedo morir.

Esta noche me tocaba dormir en el hospital para hacerme la prueba del sueño.

Me llamaron esta mañana, citándome a las diez de la noche, para luego salir a las ocho de la mañana del día siguiente.

La cosa es que no tengo horarios de sueño, y forzarme a dormir, en las horas en las que todo el mundo duerme, es cosa que tiene mal encajar. Lo mismo duermo por la noche, o puede que si esa noche no he dormido, lo haga a la mañana siguiente. Y si no duermo ni por la noche, ni por la mañana, lo hago por la tarde. Nunca puedo dormir más de tres horas seguidas. Por lo que, tras dormir durante ese tiempo, me despierto y me es imposible seguir durmiendo.

Esta noche pasada, he dormido muy bien. Para mí, dormir bien, es dormir más de cuatro horas. Pero por la mañana, he dormido las tres que me faltaban para las siete. Por lo que, ya descansado, no me tocaba dormir, según mi caprichoso y aleatorio horario de sueño, hasta, no sé, al día siguiente por la mañana, o unos momentos por la noche.

Por la tarde me he duchado. He cenado a las ocho. A las nueve y diez he cogido el coche y me he dirigido al hospital, con la medicación tomada.

Llego al hospital a las nueve y cuarenta. Allí no hay nadie.

A las diez menos diez, se presenta la enfermera que va a vigilar el sueño de cuatro pacientes, entre los que me encontraba yo.

Como no, he llegado el primero. Aunque la enfermera me ha dicho que me pondrá el aparato y los cables en segundo lugar.

A las diez, estoy en la habitación. Me siento en el sillón y espero. Sigo esperando. Son las once. El sueño me puede y como no comience a dormir ya, seguro que se me pasa el efecto de la medicación.

Llevo desde las nueve y cuarenta sin fumarme un cigarrillo. No me he traído los chicles de nicotina. Me quedo casi dormido, hasta las doce, hora en que la enfermera entra en la habitación la balanza y el aparato para tomar la tensión.

Después de pesarme, medir mi altura, medirme el cuello y tomarme la tensión, me hace un test.

Le digo la medicación que tomo. Me pregunta si fumo. Le digo que de dos a tres paquetes al día.

Me dice que una opción para una posible solución del problema del sueño, sería, si no dejar de fumar completamente, al menos, reducir el consumo. Que la medicación influye, pero no la puedo dejar de tomar. Y el peso, que tengo que reducirlo.

Me explica por qué el tabaco es malo. Me explica lo que son los alveólos pulmonares, y que en ellos se hace el intercambio del oxígeno con la sangre. Vamos, una clase de biología del antiguo séptimo de EGB. Escucho paciente a sus explicaciones.

“Bueno. Siguiente paso.” (Le ruego a la enfermera)

Ahora te voy a poner el aparatico.

Me pone el complicado aparato. Me pone pegatinas en la zona del corazón, con sus cablecicos. En las piernas. Más cables. Me pone unos tubitos en las narices y una especie de plaquita en la boca. Todo el sistema de cables, va unido a un aparato transmisor, que llevo entre el pecho y la barriga. Y además, me pone una pinza en el dedo índice, me imagino para tomar el pulso.

No puedo dormir bocabajo, por miedo a aplastar el delicado y, posiblemente, caro aparato. Por lo que intento dormir, estoicamente, boca arriba.

Es la una de la madrugada. Llevo desde las nueve y cuarenta, sin fumar y sin tomar un café con leche. Necesito un café con leche, acompañado de uno o dos cigarrillos.

Sabiendo que eso es imposible, intento dormir.

Al rato, entra la enfermera porque hay un problema con la pinza del dedo índice. La estaba aplastando con mi cabeza.

Por momentos comienzo a perder el sueño, y con él, la paciencia.

A las dos menos diez estoy completamente desesperado. Me va a dar algo. Ya tengo claro, que no voy a dormir. Pero me fuerzo a estar acostado, para que el aparato registre mis latidos y respiraciones.

Son las dos y cuarto. Desde las dos menos diez, ha pasado toda una eternidad.

Me digo que a las tres, voy y me largo.

A las dos y veinte ya no puedo más. Me entra el ataque y me voy al aseo.

Me miro, y parezco un miembro de ‘Aviador Dro’.

Pienso qué hacer. ¿vuelvo a la tortura de la cama? ¿llamo a la enfermera para que me quite todo este tinglado? O me lo quito yo mismo...

Con cuidado, me voy quitando todas y cada una de las conexiones a mi piel. Cuando ya están todas despegadas, me quito el aparato, con sumo cuidado y lo dejo encima de la cama.

Tomo mi chaqueta, me pongo los zapatos, y me voy.

La enfermera sale y me dice: ¡Juan! ¿Es que te vas?

Yo le digo que estoy desesperado, que no aguanto más y que le he dejado el aparato, con mucho cuidado, encima de la cama.

Tomo el ascensor, para bajar, y cuando salgo a la calle, me enchufo un pitillo.

Cojo el coche y vuelvo a mi casa. Allí me hago dos cafés con leche y un colacao con galletas. Fumo todo lo que no había fumado durante ésas casi cinco horas y me relajo.

Sigo sin dormir. Pero la desesperación ha desaparecido, porque al menos, ya que estoy despierto, estoy haciendo cosas, en vez de mirar al techo y aguantarme las ganas de fumar.

Lo siento mucho, por no haber sido capaz de completar las diez horas en el hospital.

La solución a mi problema es ponerme un aparatico que echa aire a presión para no roncar. Yo sé, que cuando me manden el aparato, no me lo voy a poner. Y sé, de sobra, que tengo apnea del sueño. No me hace falta que me lo diga un complicado ordenador. Ya me lo dijo mi amigo Andrea durante las noches que dormimos juntos, en la misma cama de matrimonio, en el pasado viaje a México:

“Juan: Hay unos momentos en los que dejas de respirar... Que parece que te has muerto. Luego vuelves a roncar y yo vuelvo a dormir tranquilo que no tengo un cadáver al lado mío.”

¿Dónde está mi cigarrillo?

¡Ay, Dios mío! Recuerdo aquellos tiempos en los que se permitía fumar dentro de los bares. ¿Imaginan el choteo que han tenido que soportar cantidad de propietarios de bares por parte del gobierno? Primero lanzan una ley antitabaco, en la que se permite fumar dentro de aquellos bares previamente adaptados para tener una zona especial para fumadores. Osea, que muchos bares, por miedo a perder gran parte de su clientela (fumadores todos ellos), hacen una inversión para hacer una zona reservada para los que fumamos, podamos fumar. Parece ser, que muchos políticos, desconocen el placer de fumar mientras se bebe alcohol. Ignoran que al beber, te apetece fumar. No saben que muchos de los que no podemos disfrutar del tabaco en casa, tenemos unos refugios llamados bares, en los que te puedes, o podías, permitir echar un pitillo, que va ligado al café con leche, cortado, bombón, asiático o como quiera que se llame en la capital de nuestra región, mientras te apoyabas en la barra del bar, con los pies colgando desde lo alto del taburete, echando miradas fugaces a ese amor platónico de chichinabo, que es la bella camarera.
Y señores, la jodienda ha sido doble. Doble, porque con esta ley, que más de ley, tiene más de moda y tocapelotas, y lo que es de ley, es que tras el gasto de los propietarios en adaptar sus bares a los fumadores (¡Qué siniestro!, ¡Si en los bares se va, no solo a beber! ¿Qué es un bar sin su nube de humo?) los vuelven a joder, para decirles que ésas reformas ya no sirven de nada, pues ya no se puede fumar, ni en las zonas que han adaptado para los fumadores. Ahora, quien quiera fumar, se va a la calle. Y ¡Ojo! Que sea en una terraza adaptada especialmente para ello. Si en algo hemos salido ganando, es que ya no podemos disfrutar de la barra del bar, si no es para pedir o ir a pagar. Si en algo hemos salido ganando, es que ahora, ves la calle. En primavera y en verano, puede llegar a estar bien, porque si no hace mucho calor, es agradable. Pero en invierno, te hielas hasta lo más colgandero que puedes tener en el pantalón, vamos, los huesos, o los testículos, que para el caso es lo mismo nada más que con “v”.
Y pena, el que no tenga terraza, porque, al menos yo, siempre voy a un bar, desde ahora, con la condición que tenga terraza para fumar. Pues la verdad, no veo sentido ir al bar, si no puedo disfrutar de un pitillo con la consumición.
Y ahí están los políticos, orgullosos de cuidar de nuestra salud, subiendo el precio de las cajetillas, prohibiéndonos fumar en ciertos lugares. Caza de brujas lo llamo yo. O copiarse de las leyes, tontamente, de otros países, como las de los Estados Unidos, por puro snobismo. Del mismo modo que comenzamos a fumar en este dichoso país, por snobismo, por imitar al americano cowboy que fumaba chulamente su cigarrillo american blend. Cuando un cowboy, no deja de ser un vaquero, y un vaquero, es el que se dedica a cuidar vacas y toros, vamos, como los que hay en Andalucía y se dedican a la ganadería, precisamente, para las corridas de toros, que tan de moda está hoy en día ir prohibiéndolas. Salvo cuando el vaquero es de los Estados Unidos y se dedica a criar toros para montarlos salvajemente en los rodeos, entonces es cool, guay o amazing.
¡Ahora se respira aire puro en los bares! Vamos, a sobaquillo, a sudor y a culo, en definitiva, a humanidad. Al menos, antes, el humo del tabaco disimulaba a todos estas pequeñas pestes que echamos las personas.

Canelonia

Hace unos meses asistí a la clausura de la exposición de un amigo, Andres Ruiz, en una sala de exposiciones de Cartagena (La ventana de Grass). Allí conocí a su hermano, Moisés Ruiz, encargado de la sala y director de todas y cada una de las exposiciones que ahí se hacen. Me hablo de un proyecto que tenia en mente sobre una exposición en la que las obras irían sobre un canelon. La temática, como no, debía ser Italia.
Le dije que contara con mi canelon.

La verdad es que no le di demasiada importancia a esa exposición, ni siquiera su organizador, creo que se imaginaba la transcendencia del asunto.

De tal forma que en un principio hablo de rifar los canelones entre los asistentes a la inauguración. Cosa que al final no hizo, entre otras cosas porque algunos de los artistas que hicimos canelones, nos dejamos los sesos, algunos literalmente, sobre estas pequeñas superficies de 7x7 cms. No estabamos dispuestos a que tanto esfuerzo plasmado en tan poco, se fuera aun por menos.

La inauguración fue el pasado mes de Julio, sábado 9. Asistió mucha gente, medios de comunicación, televisiones, periódicos y demás periodistas.

La exposición esta dentro de las exposiciones del circulo de "La mar de músicas" de la ciudad de Cartagena.

Yo, que soy uno de los participantes en la exposición, no asistí. Ni idea si lo hice bien o lo hice mal. Algunos aun me tiran de las orejas por mi ausencia. Y yo estoy por tirarme de ellas también. Ya que un artista que quiera darse a conocer debe estar en estos eventos, mucho mas, si participa en ellos.

Me han enviado enlaces a las publicaciones en los diversos medios. Todavía no he podido verlos todos.

Mientras, los canelones aguantan como pueden, mientras Moisés los cuida con mimo, los mantiene todo lo tersos, lisitos y secos, como el húmedo clima de Cartagena, ahora en verano, le permite.

El mio esta todo arrugado. Ya lo estaba cuando lo entregue, pero aun se ha arrugado mas, desde la ultima vez que lo vi.

Hay un precioso catalogo en el que estan los 25 canelones de la exposición.

El enlace a la pagina de CANELONIA dentro de La Mar De Músicas es:

http://www.lamardemusicas.com/2011/a-caneloni.htm

El enlace a la noticia del dia de hoy, 15 de Julio, en el periodico El Pais, es:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/exposicion/vale/pasta/elpten/20110714elpepucul_8/Tes

El enlace a la noticia, en la 7RM, es:

http://www.7rm.es/servlet/rtrm.servlets.ServletLink2?METHOD=LSTBOLETINES&sit=c,6&d=10&m=7&a=2011&mId=7691&autostart=TV

El enlace a la noticia, en La 2, de tve, es:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-2-noticias/2-noticias-12-07-11/1151929/

Hay también publicaciones en el periodico La Verdad y en El Mundo. Además hay una entrevista por ahí a Moisés Ruiz sobre la exposición en RNE 3

Me imagino que irán saliendo mas cosas por ahí.

La exposición es en Calle San Diego, 40, en Cartagena.

Un saludo,
Juan Montoya Lopez www.juanmontoyalopez.es

Pide con el corazón

Esto es que se era, una persona que padeció una edad del pavo larga y tardía. Era una persona ya hecha, mucho antes de que le saliera el primer pelo en la axila. Era ya una persona hecha y derecha, antes de su primer pelo en el pubis. Era una persona ya formada, aunque por formar, antes de su primer pelo en el pecho. Y sabia muy bien lo que tenia que hacer, mucho antes de sus primeras eyaculaciones.

Pero la vida, que puede llegar a ser un verdadero misterio, le hace a uno pasar por caminos insospechados. Por caminos oscuros, tortuosos, peligrosos, poniendo nuestra vida en peligro, nuestra autoestima y nos pone en entredicho, hace que la gente sospeche de nuestras intenciones, pierdan la confianza en nosotros para luego trabajar duramente y asi poder recobrar todos estos dones con los que veníamos de serie, que se pierden por este deambular por los caminos.

Ay! Y es que Dios es sabio. Como no iba a serlo? Si es Dios! Y como se dice: "aprieta, pero no estrangula". Asi que todas estas malas experiencias que le suceden a uno, son, ni mas, ni menos, que experiencias de la vida, enseñanzas impartidas por esta universidad, problemas que debemos resolver si queremos hacernos mas fuertes, mas sabios y mejores personas. Quien se quede atascado en un camino de la vida, tendrá una nueva oportunidad, mas adelante, o en la próxima vida.

Porque Dios, además de sabio, es bueno. Como no iba a serlo? Si es Dios! Y nos quiere. Nosotros, como hijos suyos, tenemos que aprender a amarlo como El nos ama. Y esto se hace, con el corazón, con la cabeza, con los pies, y con cada una de las células de nuestro cuerpo. Aprender a amar a nuestros hermanos, es un buen comienzo, o un buen final. Hacer cada una de las cosas y tareas, siguiendo el dictado de nuestra conciencia. Porque el que hace caso a su conciencia, seguramente dormirá mucho mas tranquilo que el que no lo hace. Que las cosas son mucho mas sencillas de lo que pretendemos. Nos complicamos las cosas, nosotros solos, y salir de esas complicaciones, desatar esos nudos que creamos, es lo que hace que seamos mas fuertes, mas sabios y mejores personas.

Hay muchas personas, que dicen, si existiera Dios, no permitiría que le sucedieran todas las cosas malas que les ocurren, que no habría asesinos, ni gente asesinada, ni catástrofes, ni atentados. Yo pienso que cualquier cosa que nos ocurra, que se nos escape de las manos, por muy mala que sea, no debemos dejar que nos influya en nuestra relación con Dios, ni debemos echarle las culpas a causa de nuestra frustración y nuestra ira. Porque todo, todo, hasta lo mas malo que nos puede suceder, tiene una razón de ser. Hay una enseñanza oculta detrás de cada catástrofe, detrás de cada asesinato, de cada atentado, aunque mueran personas inocentes. Siempre hay algo fuera de nuestro entendimiento, que en cuestión de tiempo, llegaremos a entender, y nos hará mas fuertes, mas sabios y mejores personas.

Hay, también, que saber que Dios esta ahí, no solo para contemplar su creación, en modo pasivo. Hay que aprender a pedir a Dios. Rezando, meditando o hablando con El en nuestros pensamientos. Porque nos escucha, y lo que le pidamos, nos sera dado en su justa medida y de la mejor forma, para que podamos digerirlo y que nos haga bien en nuestras vidas.

No se trata de pedirle deseos al genio de la lámpara mágica, que siempre se cumplen al momento y siempre nos traen algún que otro problema. Dios nos concede los deseos que le pidamos, y, como he dicho, nos los da en su justa medida, para que no se nos atraganten, como los deseos que se le piden al genio de la lámpara.

Aprende a pedir a Dios, que te lo concederá. Y aprende a usar tu corazón.

Con los mejores deseos,
Juan Montoya Lopez

Arte Emergente


ARTE EMERGENTE

Me puedo hacer una idea de lo que es el arte, del mismo modo que cualquiera puede hacerse su propia idea sobre el asunto. No obstante, para no caer en ambigüedades y más, tratándose de un término tan abstracto como éste, he dejado el trabajo a los profesionales de las palabras, de las palabras en castellano, en este caso. Me he consultado el diccionario de la Real Academia Española de La Lengua y me he encontrado con una lista muy, muy larga sobre el significado de la palabra “arte”. 


arte.
(Del lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη).
1. amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.
2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Habiendo leído todas las definiciones, he decidido quedarme con las dos primeras. Siendo la segunda, la más acertada para el contexto en el que estamos. Aunque sin la primera, sin la virtud, disposición y habilidad para hacer algo, en este caso, redundando, arte, sería muy difícil que un artista lo genere, si no tiene la virtud, la disposición y la habilidad. Estamos hablando de aquellas personas que nacen con dotes artísticas, pero que, además, tienen el empuje de crear, pues sin ese empuje, sin esa disposición, estamos hablando de un artista, con potencial, desaprovechado, como un objeto inanimado. Del mismo modo que una gran piedra, yacente en el suelo, posee una gran energía potencial, pero no deja de ser una piedra si esta no es movida o alterada para que genere esa energía que lleva dentro de si.

Por tanto, un artista es, se nace, se lleva dentro, como hay cientos de personas en este mundo que son grandes artistas, y mueren sin que esta sociedad jamás llegue a conocerlos. Ni tras su muerte, ni jamás de los jamases. Gente con grandes dotes que pasan desapercibidas para los medios, para el mundo de la prensa rosa del arte, las televisiones, los libros de arte o las galerías y demás círculos artísticos. Personas que ni tan siquiera son reconocidas por las personas de su entorno. Artistas que mueren en el más puro anonimato y desaparecen sin dejar huella, ni obra, ni rastro alguno. 


¿Es más artista aquél que es reconocido por esta sociedad podrida de locura, de ansias de dinero, fama y propaganda que este del que estoy hablando?

¿Quién decide esto?

¿Los galeristas? 


Que se lo digan a Vincent Van Gogh cuyo hermano era galerista y se codeaba con aquellos artistas reconocidos de su época. ¿Vendió a caso algún cuadro el señor Van Gogh en vida? ¿Fue por causalidad reconocido? Ni por la sociedad de su época, ni por los galeristas, ni por su hermano, que como he dicho, era galerista y enviaba a su querido hermano Vincent dinero y pinturas para poder subsistir y que dedicara su tiempo pintando para apaciguar su esquizofrenia.

¿De qué le sirvió a Van Gogh ser reconocido tras su muerte?

Tuvo una vida llena de tormento y desesperación. Su muerte fue igualmente trágica. Un día, un tipo ve un cuadro del señor Van Gogh colgado en una pared, y dice que es muy bueno. Entonces, y a partir de ese día, Van Gogh es lo que es hoy, uno de los grandes genios de su época. 

¿Cuanta más gente habrá, ha habido y hay como Vincent Van Gogh que han desaparecido de la faz de La Tierra y ni siquiera han sido reconocidos? ¿Donde está su obra?


Puede que en la basura, quemada, hecha cenizas u olvidada en alguna parte del mundo. 

Quizás desecha con el pasar de los años que todo lo borran.

Por ello, artista emergente es un término odioso, al menos para mí. Porque el artista nace, y muere como artista. 


Emergente es, según el diccionario: 


emergente.
(Del ant. part. act. de emerger).
1. adj. Que emerge.
2. adj. Que nace, sale y tiene principio de otra cosa.

emerger.
(Del lat. emergĕre).


1. intr. Brotar, salir a la superficie del agua u otro líquido. U. t. en sent. fig.

Por tanto, artista emergente es el que emerge, el que comienza a ver la luz, o a ser reconocido por esta sociedad.

Insisto que el artista reconocido, no por ello debe ni tiene que ser mejor que el desconocido. Y al revés tampoco. La diferencia entre uno y otro, es simple y llanamente, que el conjunto aborregado de esta sociedad, da su balido de conformidad, reconociendo a este artista como un artista de renombre.

El sueño de muchos artistas es emerger de esa oscuridad, para codearse con otros artistas más importantes, salir en el papel couché, y como no, ganar el
tan merecido dinero por sus obras. Si sube el caché del artista, mejor. Más riquezas y mejor vida para él o ella, o el grupo de artistas.

Esta debería ser una sociedad que mimara a sus artistas, pues al fin y al cabo, son quien hacen que las personas del futuro se hagan una idea de cómo era la sociedad del pasado. Y son los que hacen que una sociedad se identifique, mediante lo que representan en sus obras, representando en sus obras aquello que identifica la sociedad en la que viven.
Artista emergente, es por tanto, aquél que emerge del fluido maternal del agujero en el que vive, para darse a conocer en sociedad. Son todos aquellos artistas, jóvenes, principalmente, salidos de las facultades de Bellas Artes. Aunque carrera de artista, no existe que yo sepa. Del mismo modo que no hay carrera para corredor de bolsa y tantos otros oficios, que se llevan en la sangre, ejecutándolos de forma espontánea.

Artista emergente es como el gerente de una pequeña empresa, que comienza a crecer y a hacerse más y más grande, contratando a más y más empleados, generando cada vez más y más beneficios.

Somos todos los que nos dedicamos a ello, artistas, hasta que emergemos, para comenzar con un nacimiento, después de llevar varios años de gestación y darnos a conocer al resto de nuestra familia de artistas, que son el resto de artistas consagrados del mundo.

Juan Montoya López

Si la farmacia cierra sus puertas

Señores y señoras:

Debemos saber que técnicas curativas hay muchas. Tantas, o mas, como culturas y sociedades hay en el mundo. De modo que es tan efectiva la medicina tradicional, como lo es la acupuntura, la homeopatia, la medicina natural, las flores de bach, el reiki o los curanderos, chamanes y demás médicos con mas alto, o bajo, nivel de estudios.

Y perdonenme aquellos universitarios que estudian la carrera de medicina, fisioterapia, enfermería y otras carreras relacionadas con la medicina tradicional. Porque esa medicina a la que llaman "tradicional", es precisamente la que tiene menos tradición, es la mas reciente, proviene de aquellos barberos sacamuelas y cortadedos de la edad media, que, uniéndose a la ciencia, tan demonizada años anteriores por la sociedad y demás inquisidores de la iglesia, se han creído, o nos han hecho creer, que son los que tienen la voz cantante y que no hay otra medicina tan verdadera como la suya. Tradicional es la acupuntura, que lleva con el ser humano miles de años; tradicional es la medicina natural, que lleva otros tantos con nosotros, usando plantas y hierbas, que la medicina tradicional sintetiza y las vuelve química pura, para encapsular en pastillas, cremas y pinchazos.

De esta química, de la que nos hemos hecho dependientes muchos enfermos, se quieren aprovechar, y se están aprovechando, las compañías farmacéuticas. Que nada tienen que ver con el juramento hipocratico de la medicina, que algunos se pasan por debajo. Nada tienen que ver porque son compañías, es decir, empresas, y su interés va mas allá del puro altruismo o las buenas intenciones de sanar al mundo, si no el vil y cochino dinero.

Por esta razón, la medicina tradicional, que depende directamente de esas compañías farmacéuticas, hace que ellas se aprovechen de esa dependencia para engordar sus bolsillos y hacer de la medicina un puro negocio.

Estamos siendo constantemente engañados cuando compramos un medicamento que hemos visto en la tele, como producto de consumo, como cuando acudimos a la farmacia con nuestras recetas, de pensionistas o del seguro, da igual, porque estamos dando de comer a una industria, quizás mas poderosa que la mismísima industria armamentística que es la que gana mas dinero, tristemente, en estos dias, y siempre.

Así que si encima, el gobierno, que centra sus gastos en pagar a sus políticos con unos buenos sueldos, que hablando de todo un poco, se ponen ellos mismos, y en pagar otras cosas, como las guerras en plan Quijote en las que nos vemos envueltos cada vez que los americanos e ingleses ponen el punto de mira de sus armas en una nación "enemiga", no pagan a los farmacéuticos las dichosas medicinas. Por esta razón, hay muchas boticas y farmacias que tienen que cerrar por falta de ingresos. Vamos, que todo el mundo sacamos medicinas y nadie las paga, a pesar de llevar las recetas y todo, porque el gobierno ha suspendido los pagos de las medicinas a los farmacéuticos.

Si los farmacéuticos hacen huelga, y dejan de dispensar medicamentos porque el gobierno no se los paga: ?que vamos a hacer los que dependemos directamente de esos medicamentos? ?como vamos a disponer de las medicinas que necesitamos? ?las vamos a tener que pagar de nuestros bolsillos?

Tengo que avisar, o aclarar, que en mi caso concreto, no me importaría pagar mis medicinas, si su precio no fuera tan elevado, pues cada cajita de pastillas ronda los 200 €. No he calculado el valor de todas las medicinas que tengo que tomar al mes, pero con seguridad que no baja de los 600€.

Si no tomo las medicinas, caigo gravemente enfermo. Y si pago las medicinas, no me queda dinero para comprar comida y menos para pagar la vivienda.

?que hago? No compro la medicación para poder comer y me pongo enfermo y muero, o me compro la medicación y me muero de hambre.

Ay! Yo creo que lo mejor es una muerte rápida e indolora.

El circo de la vida

Era una vez que se era, una persona de corta edad. De ésas que ya no son niños, pero aún no son mayores, que se cuentan en esa edad sin definición, a la que unos llaman la edad del pavo.

No acababa de ser niño cuando ya se le asomaba la pubertad entre pelos en las axilas y un bigote negro de pelo de melocotón. Aunque su cuerpo le pedía a gritos que fuera ya un hombre de una vez, él parecía seguir entreteniéndose con juguetes, cromos, comics y todas las navidades escribía religiosamente su carta a los reyes magos.

Él se resistía a finalizar con esa etapa de niñez, pero no de una manera consciente, ni  tan siquiera oponiéndose férreamente. Simplemente, era que no sabía ser de otra forma. Había sido niño durante toda su vida, y no encontraba por qué debía dejar de serlo. Tampoco se lo propuso vez alguna.

Los que sí estaban preocupados por el comportamiento de su hijo, eran sus padres. Sobre todo, el papá. Porque la mamá estaba muy a gusto con que su hijo siguiera siendo su niño del corazón el mayor tiempo posible. Ya tendría tiempo para salir con chicas, para comportarse como un idiota, fumar y meterse en líos.

Mas el padre sentía como un pequeño hormigueo que no era otra cosa sino una vergüenza ajena, que le estaba contaminando para dejar de ser ajena y convertirse en vergüenza propia, pues ¿Que no hay más propio que tu propio hijo?

Así que decidió explicarle a su propio hijo lo que era la vida.

Cuando tenía a su hijo delante suya, para explicarle el secreto de la vida, se quedó sin palabras y fue entonces cuando se dio cuenta que no sabía cómo explicar lo que era la vida. Ante este silencio incómodo, el niño preguntó a su padre: “Papá, ¿Me llevas al circo?”

Así que en puesto de balbucear unas palabras torpes, y confundir aún más a su querido hijo, tomó la decisión de llevarlo al circo para de esta forma, tener más tiempo y encontrar las palabras necesarias para hacer entrar a su hijo en razón.

En la explanada de al lado, donde se encontraba la carpa, había mucha gente. El olor a excrementos de elefante y los rugidos de los tigres y leones, hacía que se mezclara con el griterío de los niños y el algodón de azúcar. Un payaso repartía globos a niños y mayores que entraban por taquilla.

Cuando el payaso ofreció un par de globos para padre e hijo, el padre los rechazó: “Ya somos bastante mayores para esas tonterías”, el payaso, siempre sonriente, hizo un gesto en el que le cambió el semblante por completo torciéndose en un horrible gesto de tristeza.

-¿Sabes, papá?- dijo el niño
-Qué-contestó el padre
-No deberías haber hecho eso, has puesto triste al payaso.
-Mira, hijo. Yo lo que quiero es explicarte lo que es la vida, para que te hagas un hombre- Se justificó el padre.
-¿Sabes lo que es la vida, papá?
El padre hizo una mueca, que quería ser una sonrisa y dijo: “¿Qué es la vida, hijo?”
El hijo contestó: “La vida es como el circo. Hay naturaleza, humanos, gente que se divierte, gente que gana dinero y gente que paga por un lugar en el que pasar su estancia aquí, mejor o peor. Unos piensan que están aquí por los hijos, y los hay que están aquí porque se lo pasan bien. Al final, todos nacemos y morimos. Nacemos siendo niños, y luego volvemos a ser niños, de viejos, que se preparan para pasar sus últimos días, como todos esos abuelos que traen a sus nietos de las manos”.
El padre se sintió satisfecho de la sabiduría de su hijo. “Veo que sabes muy bien lo que es la vida”. 
-Sí-dijo el niño.
-Yo quería que te prepararas para ser un hombre, y veo que tienes todo lo necesario.
-Papá, ¿Qué diferencia a un hombre de un niño?
-¿Que, hijo?
-Que el hombre, es un niño que se le ha olvidado cómo vivir la vida. ¿Tu quieres que me haga un hombre?
Al padre se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo: “No, yo te quiero como eres”
-Ah, porque si no, tendré que esperar a viejo para volver a aprender a vivir, y entonces, me quedará ya poco tiempo para disfrutar de la vida.
Diciendo esto, pegó un mordisco a su algodón de azúcar y comenzó la música del circo.

Juan Montoya López

KARMA

Tantos años, y tantas veces en las que he puesto verde a la sociedad, al mundo y a la vida, cuando uno viene a darse cuenta, que ni la sociedad, ni el mundo son tan malos, que si uno viene a la vida, no siempre es a sufrir, sino dependiendo del punto de vista con el que veamos la realidad o de cómo nos comportamos con nuestro entorno.

Una vez más, las filosofías orientales tienen la razón, con esa sabiduría acumulada a lo largo de los siglos, que contienen explicaciones, técnicas y modos de vivir, que explican cosas que se nos pueden pasar por alto, de una forma práctica y totalmente funcional.

Estoy hablando del karma, un término algo confuso, difuso y poco concreto, que nos viene a explicar llanamente, que los actos que efectuemos tienen una repercusión directa o indirectamente en nuestras vidas. Si hago algo malo, no es que vaya a ir al infierno, no, ni mucho menos, es que ese acto negativo, dependiendo de su magnitud y de la intencionalidad que lleve, me va a afectar tarde o temprano en mi vivir cotidiano. Vamos, lo que algunos llamamos, la ley del boomerang. Toda acción, positiva o negativa, vuelve a nuestras manos, del mismo modo en la que la hemos emitido.

Es algo que me costó un gran esfuerzo entender en su día, y que gracias a mi experiencia diaria, acabo de entender de una forma consciente y clara.

Alguien que se meta en un mundo oscuro, tenebroso y maligno, como puede ser el de las drogas, se irá adentrando paulativamente en él, hasta que toda su vida sea oscura, tenebrosa y llena de dolor. Sólo hay que hacer un esfuerzo continuado, consciente y sostenido, lo suficientemente duradero en el tiempo, para que esa energía negativa o karma, dé la vuelta y nos comiencen a suceder cosas positivas.

Del mismo modo, que el que vive en un mundo oscuro, tiene el vicio de ir repitiendo el mismo modelo doloroso, una y otra vez, cuando el individuo, consciente de este dolor, cambia su modo de actuar, puede ser cuestión de meses, años, dependiendo de cuán abajo esté, para que este modelo cambie y se convierta en algo positivo y lleno de luz.

No es que si somos buenos iremos al cielo. Es que, si somos buenos, estaremos viviendo en el mismísimo cielo ya mismo, sin necesidad de irse al otro barrio.

Juan Montoya López

A Manuel Frutos Llamazares

A Manuel Frutos Llamazares

Ayer, 3 de Noviembre del 2010, fallecía un buen amigo de un infarto. Una gran persona, a la que además, consideraba como un segundo padre, mi padre espiritual, el padre que nunca tuve, dedicado a las artes y que me juzgaba desde el punto de vista artístico, con criterio y con fundamento.

Siempre se quejaba, de tener que pintar “mierdas”, que a los no entendidos en arte, dejaban embelesados, y que gracias a esas “mierdas”, podía pagar las múltiples facturas, que todos tenemos que pagar a diario, pero el tiempo que dedicaba a esas obras en concreto, le restaban tiempo para ocupar sus manos y su cabeza en las que los entendidos en arte consideramos de más valor: Los cuadros de telas, con sus planos superpuestos y cientos de formas de verlos según las sombras que creaban unas telas sobre otras dependiendo de la luz que los amparaba, las cabezas de toros, las formas orgánicas y los puzzles que rompían su cabeza en miles de piezas que encajaban milimétricamente unas con otras, en un laberinto que sólo él sabía cómo funcionaba, porque era él, quien lo creaba, quien se adentraba en él, para probarlo y salir victorioso, tras autoproponerse retos, como este y muchos más. Todo para ocupar el tiempo, y no volverse loco.

Un tiempo preciado, un tiempo al que le fueron robados unas toneladas de minutos, para pintar “mierdas” y así poder vivir dignamente, como se supone, deben vivir las personas más apreciadas de esta sociedad, que son los artistas. 

Ante esta falta de mimos, para con los artistas, un gigante, como este, escondido entre bancales de pimientos y melones, perdido en medio del campo de Torre Pacheco, dentro de su cerco, que era su mundo, una frontera de pinos y metal rojo oxidado, hacían que, dentro de este mundo hostil, en el que el banquero, el ladrón, el político, pueden campar a sus anchas, y vivir holgadamente, un hombre grande, pudiera sobrevivir a esta hostilidad dentro de su castillo.

No doblarán campanas, el mundo seguirá su curso, y yo lloraré en mi misma soledad, la pérdida de un genio, que estaba vivo, al que hace unos meses daba la mano, charlaba con él, reía y me enfadaba, como con cualquier otra persona. Y lo único que hacía falta, era tomar el coche, dirigirme a su casa y ahí tenía a la mano, a un ser humano, que no era, sino uno de tantos genios, que vivos no son apreciados, hasta que cruzan el umbral de la muerte.

El último recuerdo que tengo de él, es a un Manuel Frutos Llamazares, con actitud paternal hacia mí, y echando gasolina de su cortacésped, en mi Vespa de doscientos, para poder volver a mi casa, después de haberlo visitado a horas tardías en la noche y sacándolo de su abstracción artística.

Siempre me daba buenos consejos: “Pinta, coño, pinta”, y heme aquí, en puesto de pintar algo, escribiendo estas letras para un grande que se va, y de lo único que me arrepiento, es de no haber ido a visitarlo más a menudo.

Me llevo un buen recuerdo de él, una persona enérgica, con una voz que transmitía seguridad, y una sonrisa de media oreja, que hacía entreverse sus dientes y muelas de lado, entre su bigote y su barba blanca, ésas gafas con aumento y filtro tostado, que dejaban paso a una mirada, pícara, inteligente y amable.

Hoy despido a un gran amigo, que se va, y espero, esté ahí, para cuando me toque a mí pasar la frontera.

Juan Montoya López

viernes, 12 de febrero de 2016

El día de la salud mental

El pasado día 10 de Octubre fue el día de la salud mental, y me sentí orgulloso, y a la vez confundido, cuando leí sobre una joven de más o menos mi edad, que llevaba padeciendo esquizofrenia desde la niñez, y luchando, conseguía ganarse la vida, a duras penas, repartiendo gratuitos por las calles de Murcia. Había luchado contra el rechazo en su propia familia, contra el rechazo por parte de las múltiples empresas que se niegan a contratar a enfermos de este tipo, y abriéndose un lugar en esta sociedad.

Son muchos los que me escriben, alentándome, dándome un palito en la espalda, diciendo que tengo mérito, padeciendo esquizofrenia, y llevando a cabo todas estas empresas, tales como pintar cuadros, escribir libros, publicar escritos en distintos periódicos, luchar y apoyar a enfermos de esquizofrenia y de adicciones (No tienen necesariamente que ir juntas estas dos enfermedades) y ser una especie de don Quijote, gordo y medicado, que intenta hacer de este un mundo mejor.

Lo que no se ve, es lo temprano que voy a la cama, que me levanto igualmente de temprano y como en un sobresalto, que a pesar de dormir durante 7 u 8 horas por la noche, todavía estoy disponible para seguir durmiendo otras cinco o seis horas más durante el día (efecto de la medicación); la lucha contra la comida, que a pesar de gustarme mucho, tengo que hacer dieta permanente porque coma o no, las fuertes medicaciones hacen que me mantenga obeso artificialmente; que me cueste un infierno hacer cualquier tipo de actividad física; que mentalmente me agote fácilmente y me estrese por cualquier situación; que no pueda llevar cualquier actividad a lo largo del tiempo, es decir, que pronto me agoto de cualquier actividad duradera...

Y uno ve, que todo esto es a causa de los efectos secundarios de la medicación. Si uno no se toma la medicación, automáticamente se desrregula el sueño, comienza a perder peso, se vuelve uno más activo, capaz de llevar cualquier actividad por estresante que sea, se comienzan a acelerar los pensamientos, y tarde o temprano, vuelve uno a sufrir los efectos de la esquizofrenia.

Hoy en día, estos medicamentos, es la mejor arma que hay contra las enfermedades mentales. Pero como no, no son perfectos. En el día de la salud mental, pediría, no mayor comprensión, no mayor paciencia, no más centros, pediría un mayor esfuerzo por parte de los médicos investigadores, para encontrar, ya no sólo una solución definitiva contra las enfermedades mentales, si no unos medicamentos más perfectos, de acceso a todos los enfermos que así lo requieran. Y ya que esto de las compañías farmacéuticas, es al fin y al cabo, un puro negocio, pediría una cierta consideración por parte de estas empresas hacia los enfermos. Claro que soñar es gratis, y pedir, también. Lo que mueve este mundo (¿Es el amor?) es el dinero, y si un producto no es rentable económicamente, aunque sea efectivo sanitariamente ¿Como lo van a sacar al mercado?

Por ello, en el pasado día de la salud mental, había mucha gente que decía muchas cosas, yo, como enfermo mental, pido una solución a estas enfermedades.

Juan Montoya López

Miseria

Muchas veces, y si no, alguna vez, he comentado sobre lo puñetera que es la vida de un artista. En principio, cualquier disciplina de la vida, cualquier trabajo, obra, proyecto o actividad que se realice, puede llegar a ser un arte. Es en realidad arte, si lo vemos desde el punto de vista que toda actividad requiere unos conocimientos y unas directrices, que unos hacen mejor y otros peor, como los hay, que dedicándose a lo que se dedican, hagan parecer su trabajo, un arte.

En principio, arte puede llegar a ser un término muy amplio, y hay personas que pueden hacer arte con cosas que no son bellas, que son, digamos, desagradables, incluso de mal gusto. Pero en definitiva, la vida del artista, tal y como se conoce ortodoxamente, es una puñeta. Pues es muy bonito el arte. Sí, pero es una vida muy puta y muy desagradecida, tanto, que muchos de los que nos dedicamos al arte venimos de buenas familias, en el sentido de adineradas, no por capricho, sino porque de otra forma, no habría manera posible de dedicarse a esto. ¿De donde narices se sacan los ingresos?

Si es que tú te podrías dedicar a hacer retratos por las calles. Como los hippies. Si es que tú podrías vender los cuadros en el mercado. Todos estos son consejos muy resabidos, pero al fin y al cabo, ¿Cuanto puedes sacar por un retrato hecho de mala manera en la calle? ¿Quién se va a poner a pedirte que le hagas un retrato? ¿Me pueden decir en qué calle me pongo? ¿En mi pueblo? ¿En Cartagena? ¿En Murcia? ¿Me arriesgo a que la policía me quite el tenderete? ¿O me tengo que largar a Madrid o a Barcelona para malvivir unos dibujos? ¿Que saque licencias? ¿Para vender en el mercado, para ponerme en la calle? ¿Es eso realmente rentable? Es decir ¿Hay una diferencia rentable entre lo que me cuesta la licencia y lo que le saco a la venta de los dibujos? ¿Quién me va a comprar los cuadros en el mercado? ¿Que pinte otras cosas más vendibles? ¿Y qué es más vendible? ¿Me pide usted que tire por suelo todo lo que he aprendido en la facultad de Bellas Artes? ¿Que la gente no entiende lo que pinto? ¿Usted cree que no sé lo que quiere la gente? ¿Usted cree que sabiendo lo que yo ya sé, me voy a poner a hacer otra cosa? ¿Usted cree que me voy a vender por tres o cuatro euros, o quince, cuando todos los años que he estado experimentando, aprendiendo, los tengo que tirar por la ventana para ganarme unos euros míseros, que no me sacarán de esta miseria, y no harán sino acrecentar que piense que no vale para nada lo que aprendí, cuando mis conocimientos, no tienen precio, porque he dedicado toda una vida a esto, y lo que me preguntan cuando vendo algo es “Cuanto cuestan los materiales”?

Todas estas preguntas, se quedan sin respuesta, pero creo que todas ellas llevan un algo dentro que expresa lo que un artista, como yo, como otros muchos, sentimos, cuando hemos “desperdiciado” nuestra vida por el arte. Y luego llega el gracioso de turno y te dice ¿Sabes lo que es el arte?: “Morirte de frío”. ¡Coño!, pues claro que sí, de frío, de hambre y de frustración.

Luego, uno descubre la escritura, porque más o menos, se le da bien. Y vas conociendo algunos escritores, pero de ésos que han estudiado, no como yo, que me dedico a esto por afición, y la mayoría, por no decir todos, han tenido problemas con la familia o amigos. Unos se han mosqueado, y otros, simplemente, no quieren saber nada más del puñetero escritor. Vamos, si eso me ha pasado a mí, alguna que otra vez. Y es que, un escritor, escribe sobre lo que le pasa por la cabeza, sobre sus vivencias, crea a partir de hechos reales, que convierte en pura ficción para otros, pero para los aludidos, para las gentes más cercanas a este creador, son hechos reales, que han vivido ellos, por ellos y junto al escritor. Y esto, muchas veces, no se sabe comprender. La pintura es más benévola en este sentido, porque pintas una mona, y muy poca gente se da cuenta de qué representa esa mona. Es más, suele suceder, que las personas más cercanas al artista, no tienen ni pajolera idea de qué está representado, que es además, lo que más duele al artista: La incomprensión, por parte de su entorno más cercano. Pero las palabras, llegan de otra forma, digamos, más clara a las mentes de las personas, y esto, puede llegar a ser doloroso para algunos.

Al final, todo es miseria pura, porque uno, que no tiene ni idea de para qué está haciendo todo esto, lo único que le queda claro, es que si hubiera dedicado su tiempo de joven a estudiar otra carrera, con más futuro, como te decía tu padre, no sabes si serías más feliz, pero seguro, seguro, tendrías dinero.

Y es que al final, los padres siempre tienen razón. La pena, que uno se da cuenta demasiado tarde.

Demasiado tarde para dedicarme a otra cosa. Llevo ya mucho camino andado, y volver atrás para desandar lo que anduve, no se puede hacer. ¿Cómo voy a formatear mi disco duro y borrar todos los conocimientos que tengo?

Ahora que sé lo que sé, y he vivido lo que he vivido, si no me aceptas como soy, se me va usted a la chingada.

Y, ah, esa última frase no es mía, pero va muy bien con todo esto.

Atentamente:

Juan Montoya López

Lluvia de mierda

Una fresca mañana de verano
Cuando aún el Sol no había despertado
Me levanté corriendo de la cama
Y tropezando con el suelo
Di un giro aún con sueño
A punto estuve de caer
Y en esto que miro a la ventana
Y oí como que quería llover
El cielo estaba nublado
Algunos rayos del astro rey
Se filtraban entre las nubes
En esta fresca mañana de verano
Cayó en el suelo un rayo
Con sonido grande y estruendoso
A punto estuve de caer
Me fui corriendo hacia el wáter
Y ahí me senté con el calzón
Entre mis gruesos tobillos
Caían truenos y relámpagos
No se enteraban los vecinos
Aprovechando de tanto ruido
Comencé a apretar y a apretar
Mis ruidos intestinales
No tenían que envidiar
De nada a los truenos y relámpagos
Que del cielo caían al mar
Venga que la tormenta escampa
Las nubes clarean
Y el cielo se engalana de sol
Un último pedo de culo
Me levanto del inhodoro
Cuando me vengo a girar
Ni aún tirando de la cadena
Ni aún si dentro del aseo lloviera
Podría quitar del suelo tanta mierda
Como la que hice esa mañana
En la que llovió un verano
Que parece mentira
Me saliera toda del ano.


Lluvia de mierda sobre el mar
Lluvia de truenos y pedos al cagar
Una fría mañana de verano

Hay que ver lo que cagó mi ano.

Hacia la feminización del machismo

Y dicen por ahí que las mujeres son románticas, que aman el romanticismo. Luego, te encuentras a la más sedienta de amor y romanticismo, junto a un pedazo de tormo con patas, cabeza con cuello, todo en uno. Y luego están las guerras de sexos, las aburridas guerras, que ningún hombre empezó, y que algunas mujeres disfrutan poniendo verdes a los hombres, diciendo lo que deberían hacer en casa, que deberían cuidar a los niños, poner la lavadora, saber planchar, y como no, fregar los platos y hacer de comer. No digo que esté mal que el hombre se ocupe de estos menesteres, es más, hoy en dia es una obligación compartida, en la que los dos sexos tienen que hacer tareas que antes, en época de nuestros abuelos, jamás se le pasaría por la cabeza a un hombre hacer, ni siquiera a una mujer ordenárselo al hombre, so pena de que se le cayeran los anillos o fuera tildado de maricona. Pero sí quiero, y digo, que hay mujeres hoy en día que disfrutan telling off a los hombres, vamos, hablar mal de los hombres, regodearse en ello, con ello, y mostrar una postura opuesta forzada, elegida con total consciencia y conciencia, al anterior, digamos, que dicen ellas, machismo, que no era sino una forma de comportarse, unos hábitos y unas costumbres venidas de antaño, de siglos y siglos atrás. Unas costumbres en las que estoy de acuerdo que muchas veces, la mujer, tenía que hacer muchos, muchos trabajos, una época en la que las cosas de la casa se hacían todas a mano, incluso para hacer la comida, había que encender un fuego, mas luego, si la mujer tenía que ponerse a la par del hombre para trabajar en el campo o en lo que fuera, también tenía que hacerlo, claro que eso sin contar con el cuidado de los niños, el cuidado del marido, que eran verdaderos inútiles en cuanto que entraban en casa, pues lo único que sabían hacer era sentarse y esperar a que les pusieran el plato.

Lo que digo, es que, en aquella época, las cosas se hacían así, porque es como eran las cosas, más justas o menos. Pero hoy en día, cuando me pongo a oír a una feminista hablando de los derechos de las mujeres, de las obligaciones de los hombres, me pongo a pensar que su postura es artificial, surgida como efecto a esa represión que tenían las mujeres, como un rebote de un algo que hacíamos los hombres y las mujeres mal, y ahora nos quieren echar la culpa sólo a los hombres. Pues sepan, señoras feministas, que la que hace a un hombre machista o feminista, es la mujer. Ella tiene el poder de transformación de las cosas, y según lo que haga, tendrá repercusión en este mundo de hombre y mujeres, vamos, personas.

A veces pienso si habrá por ahí alguna que sea muy comodona, y se esté haciendo pasar por hombre de la época de nuestros abuelos. Haberla, la habrá, como hay hombres que lo hacen todo en casa, y tienen que aguantar a su mujer, detrás de ellos, ordenándoles lo que tienen que hacer, cuando ellos solitos son capaces de hacerlo sin necesidad de tener a una ogra detrás gritándoles.

No me gustan los machistas, pero las feministas me dan asco, y encima, a la más feminista de todas, seguro que la verás juntarse con el hombre más machista del mundo. Hay de todo en esta viña del Señor.

Juan Montoya López

Ésos malditos programas

La televisión, según ciertos programas, se ha convertido en una especie de sistema para experimentar, para estudiar, ciertos comportamientos sociales. Programas tales como ‘Gran Hermano’, ‘Supervivientes’, ‘Operación Triunfo’, y otra larga lista de programas de esta calaña. Y lo peor no es que se esté haciendo un experimento con ciertas personas, elegidas a través de un casting, con sus efectos secundarios que se manifiestan en estas personas tras el “sobrevivir” a la sensación de ser observado las 24 horas por miles de personas, es que nos hacen partícipes de este experimento, a través de llamadas telefónicas, mensajes sms o participación en foros a través de internet, obviando la participación pasiva, que es verlos a través de la televisión. Idiotizando así al gran grupo de personas incapaces de pensar por ellas mismas, y consiguiendo que algunas de las personas que piensan por ellas mismas, de las que alegremente, ligeramente o tristemente y profundamente, me quiero sumar, nos tiremos de los pelos y suframos de ataques de asco, mezclado con una profunda frustración y desesperación. La solución es cambiar de canal, no ver la tv o sólo encenderla cuando vayamos a ver el ‘Cartoon Network’ o cualquier otro programa que realmente sea de puro entretenimiento ingenioso y productivo.

Por un lado, se está creando una generación de putas, chulos de playa y demás gentuza, que tienen el privilegio de salir en tv, acaparando los mejores horarios, los mejores sueldos, vividores de vender su vida a base de exclusivas, preparadas a conciencia, carne de cotilleos y demás mierda, que una serie de periodistas de papel rosa, que tienen la vergüenza de llamarse ‘periodistas’, más concretamente ‘del corazón’, cuando lo que están haciendo es lo mismo que hacían nuestras abuelas y sus madres, vamos, la maruja media de España, cuando cotilleaban sobre la vecina, el maestro de escuela o el tío de la pipa rota, vamos, puro entretenimiento cargado de estrógenos y demás hormonas femeninas, salvo que este, es a base de mover mucho dinero, todo un aparato de publicaciones en revistas y programas de televisión, que permítanmelo, pero es totalmente vomitivo. Sobre todo, cuando, forzado a veces, a ver esos programas las noches de sábado y demás días de la semana, cuando mi señora madre no tiene nada mejor que ver, y yo, su hijo, no tiene más remedio que estar en la misma habitación en donde está la tv, que no es más que la cocina, desayuno o ceno, mientras veo a los presentadores, maricones casi todos ellos, envueltos en acaloradas discusiones con las presentadoras, que no son sino periodistas y periodistos, de prensa rosa, siento como la comida quiere salir de mi esófago, cuando aún no ha llegado al estómago, en una arcada múltiple y continua, cada vez que oye los gemidos de la entrevistada o el entrevistado, y los demás, como perros sedientos de trapos sucios, se pelean como se pelearían por una salchicha, dando ladridos y aullidos, que le ponen a uno los pelos de punta.

Por el otro lado, se está creando una contaminación de culturas vírgenes, mediante el contacto de nuestra civilización con éstas. Y todo, para el entretenimiento de las noches de unos seres que han olvidado cómo se vive, en armonía con el medio ambiente, con la demás gente, y ha perdido unos valores que esta gente aún conserva, y peligran con el contacto de nuestra civilización con la suya.

También he oído hablar de un programa en el que unos toxicómanos se confinan en un centro de desintoxicación, a modo de Gran Hermano. Es el colmo de lo que es espectáculo. Ya está bien, señores de las televisiones. Que hagan espectáculo de una cosa tan seria como lo son las adicciones y demás enfermedades, me parece una aberración. Me da pena esa gente que ha accedido a participar en este programa, con la ilusión de abandonar una cosa tan difícil de abandonar como son las drogas. Una enfermedad con la que se vive toda la vida, a pesar de estar restablecido.

Estaría bien que las televisiones se olvidaran de los niveles de audiencia, para ofrecer a su público, una televisión de calidad, que se dedicara a culturizar a la población, a reeducarla, para bien, y no para su control y manipulación. ¿Dónde está la ética?

Tristemente, lo que mueve al hombre, es el dinero; y ha olvidado que lo que realmente mueve al mundo, es el amor. Pero eso sólo lo saben realmente unos  pocos.

Juan Montoya López.