lunes 16 de enero de 2012

El Gran Robo

Juan Montoya López
La Puebla de Cartagena, Lunes 16 de Enero del 2012.

Hoy en día, casi todo el mundo, la mayoría de personas, niños, adultos y mayores, tiene, si no una línea fija de teléfono, seguro, uno o varios teléfonos móviles. Cuando no, una conexión a internet, ya sea dentro de esta línea fija, en su propio teléfono móvil o vía módem USB.

Y es lo que reina en estos días: Las telecomunicaciones.

Pero a la vez, las empresas de telecomunicaciones, ejercen un abuso, por no decir un robo en toda regla, a sus consumidores.

La publicidad siempre es engañosa, porque los productos que se ofrecen, o no cumplen las propiedades que se dice tienen, o lo que parece ser un regalo o una superoferta, es una forma, disfrazada, de cobrarnos, o robarnos, mientras nosotros sentimos que estamos pagando poco, o que nos están haciendo un favor.

En mi caso, tengo teléfono móvil, desde hace mucho, mucho tiempo, casi desde el principio, cuando casi nadie tenía móviles. La razón, que tuve que pasar un tiempo alejado de casa, y para poder estar en contacto con los familiares, me compraron uno de éstos aparatos diabólicos.

Claro, que son preciosos. Incluso entonces, que eran ladrillos, eran bonicos y deseables. Incluso entonces que ni tan siquiera se podía enviar un simple SMS.

Ahora, es raro quien no tiene uno. La cosa ha avanzado tanto, que ya no es que se puedan enviar SMS, es que tienen conexión a internet, a las redes sociales, y algunos son tanto o más avanzados que cualquier ordenador portátil de uso cotidiano.

La dependencia a estos aparatitos tan bonitos, tan cucos, preciosos y con los que podemos hacer cosas asombrosas, normales hoy, pero alucinantes para cualquier persona que viviera hace 15 años, va en crescendo. Hay incluso, gente, diagnosticada de dependencia al uso del móvil, del internet y de los ordenadores. Pero vamos, eso es una nueva enfermedad, inevitable, al aparecer en nuestras vidas un nuevo elemento. Como había gente adicta a la televisión, cuando apareció en sus días, y fíjate que hoy en día, casi nadie le hace caso.

Pero el motivo que me hace escribir estas líneas, no es ese. El motivo es la forma flagrante con la que roban las compañías de telecomunicaciones al consumidor.

Hoy en día, darse de alta en cualquier línea de teléfono, es firmar una sentencia de cadena perpetua, de la que se sale, pagando una fianza.

En mi caso, no se si saben, estuve en México hace unos meses. Ya sabemos que el roaming es una putada, y cuando uno se va a otro país con su móvil de siempre, debe estar preparado para la clavada a fin de mes. Así que, preveyendo la que me iba a caer encima, llamé al 1004, porque en mi caso, “soy”, o lo que es lo mismo, tengo una cadena perpetua con Telefónica, conocida hoy en día como Movistar, y les avisé que me iba al nuevo continente. Vamos, que hicieran las gestiones pertinentes para, primero, que me funcionara el teléfono en México, y segundo, que no me saliera la cosa por un disparate. En México y en toda Latinoamérica, está la compañía española, Movistar. Vamos, que tienen el monopolio de las comunicaciones en casi toda América. Razón por la que es una de las compañías más grandes del mundo. Y razón por la que pensé, que al no cambiar de compañía, todo iba a ser más fácil y barato. Mentira.

Al llegar a México, el teléfono no me funciona. Así que tuve que comprar una tarjeta de cabina de teléfonos y llamar a España para que hicieran las gestiones pertinentes para que me funcionara el móvil.

Bien, a los días, comenzó a funcionar. Sólo hice 5 llamadas en las 3 semanas que estuve. Por lo que me clavaron casi 200 euros. Pero la cosa no acaba ahí. Yo tengo una de ésas Blackberry’s. Y qué putas son. Pues me clavaron otros 200 euros más, porque al aparatico le daba por conectarse a internet cuando le daba en gana. Él solico. Vamos, la gracia de tener aplicaciones instaladas y que es un teléfono inteligente. Aunque yo más que inteligente, lo llamaría hijoputa.

Cuando llego a España me llega la bonita cantidad de casi 400 euros de móvil. Bien, llamo a Movistar, porque me habían devuelto la factura en el banco, y les digo que vuelvan a pasar el pago. “Veo que ha gastado más que otras veces, señor Montoya”, me dice la telefonista. Si, hijamía, es que he estado en el extrangero, y ya se sabe lo que pasa con el roaming. “La próxima vez, señor Montoya, póngase en contacto con nosotros antes de viajar y le prepararemos el teléfono para que no gaste tanto”.

Ja, já, ja, já. ¿Me río o la mato?, preferí resignarme, porque ¿Que hice? ¿No llamé a Movistar antes de iniciar el viaje? Vamos, que juegan con uno como les da la gana.

Y es lo que tienen las compañías grandes. Que roban más y mejor. Como allí todo es tan grande, es más fácil, entre todos, lavarse las manos.

Bien, ya que estoy, quiero hacer un cambio de titularidad. Pues el teléfono, que estaba a nombre de mi señor padre, lo quería a mi nombre.

“El cambio de titular se lo vamos a hacer gratis”

Hombre, gracias, coño.

¿Alguna otra consulta?

¡No, no!

Espere que dentro de unos segundos le llamaremos para que responda a unas preguntas.

Ya sabemos, los que llamamos a los servicios de atención al cliente, comportarnos con las máquinas y con las señoritas, humanas. Vamos, que ya saben de qué va todo este choteo, para qué les voy a seguir contando.

Pues no acaba ahí la cosa. Hace unos 5 o 6 días, osea, sobre el 11 de Enero, me cortan el teléfono. ¡Joer!, digo yo. Seguro que no tenía dinero en la cuenta y por no pagar, me han cortado el teléfono.

Bien, el día 14, me cobran 99 euros. Y pienso por qué me han cortado el teléfono, si se han cobrado ya el servicio.

Llamo otra vez al 1004.

Sí, es que aún debe 4 euros y pico, y por eso le hemos cortado la línea.

Bueno, ¿Y a qué tardan para cobrarse los 4 euros y pico?

Es que los tiene que ingresar en correos, que así le volveremos a conectar la línea en 48 horas.

Pues, ¿No está domiciliado el pago?

Es que si lo paga por el banco, le tarda la línea en volver a esta efectiva, 72 horas.

¿Y a mí qué más me da un día más?

En resumen, que por cuatro euros de mierda, me cortan el teléfono, y tengo que desplazarme a correos para efectuar el pago.

Cuando he estado pagando cantidades mucho mayores, injustamente.
Cuando no me ha llegado ninguna factura.
Cuando te tratan como a un delincuente, cuando te dicen que van a grabar la conversación.

Miren ustedes, señores de las compañías de telecomunicaciones, se quejan de los políticos, se quejan de los que roban dinero público, pero ante ustedes, me quito el sombrero, porque hacen del robo, todo un arte sofisticado.

Enhorabuena.

Y gracias por darme tema para escribir.

Ahora, si esperan que me desplace a correos para ingresar cuatro euros y pico, prefiero quedarme la blackberry como objeto inanimado de colección.

Un fuerte saludo.

domingo 8 de enero de 2012

Un gorrón de guante fino

En estos días previos de navidad me llegó un mensaje de un amigo de Edimburgo que andaba por estas tierras del campo de Cartagena. Hablé con él, cuando me comentaba que en casa del amigo donde se estaba hospedando, reinaba el mal humor de su anfitrión, inundando todos y cada uno de los rincones de su piso de Cartagena. A lo que yo le comenté, que si tan mal, tan mal, estaba, podía quedarse las dos semanas de navidad; que yo le proporcionaba hospedaje a régimen completo durante ésas dos semanas, con la condición que diera clases de inglés a mis sobrinos.

No tardó a los pocos días en instalarse en mi estudio, unos cuantos días antes de navidad.

Solemos tratar bien a las visitas, y las visitas se encuentran cómodas en nuestra casa. El problema es cuando se sienten tan cómodas, que se olvidan que están de invitados y pierden poco a poco, con la confianza, todo recato y modales, cuando le ofrecemos la mano y nos cogen todo el brazo.

El escocés, que medía más de un metro ochenta, delgado como un fideo, comía como tres personas. Y para nada es una exageración mía: es que en cada sentada, se comía tres raciones, tres platos, mojados en vino de Rioja y alegrados con embutidos varios, dulces típicos de la zona, hechos por mi querida madre, postre, larga conversación, al principio amena, ya los últimos días, tediosa, y cigarrillo para espantar con el humo las malas digestiones. Así, todos los días, desayuno, comida y cena, como cualquier otro aperitivo que le diera en gana, podía echar mano de los víveres que había en mi casa o en casa de mis padres.


En ningún momento le dije que se sintiera como en casa, mas él hizo de este hogar como propio, adueñándose del ordenador, de mi conexión a internet, cagando, meándose en mi baño, haciendo uso de mi agua y de mi electricidad, por no decir de cuantas llamadas telefónicas necesitara, pues no tenía saldo en su tarjeta telefónica.

El pobre me decía que en casa de su otro amigo, estaba como “chacha”, encargándose de la limpieza, de la comida... En otras palabras, de las tareas de la casa. Pues fíjate tú por donde, que en mi casa, la chacha era yo, porque andaba todo el día detrás de mi querido amigo escocés, quitando cacas, fregando platos, vasos y cubiertos, barriendo el suelo, y enseñando a mi amigo a fregar el suelo, que por lo visto, no había visto una fregona en su vida. A lo que, tras ver el suelo varias veces encharcado, y ante la ignorancia de mi amigo ante lo que significaba el escurridor del cubo de la fregona, desistí en enseñarle ésas cosas, para hacerlas yo mismo, y dejar a este hombre, que viviera a cuerpo de rey, durante ésas dos semanas y pico, ya que, si él se encargaba de dar clases a mis sobrinos de inglés, de lunes a viernes, se viera pagado, de sobra, ante tanto servicio.

El problema no era todo aquello que cito más arriba, que ya está bien para soportar durante dos semanas esta situación, si no fuera por la enseñanza de mis sobrinos. El problema es que al acercarse el fin de las dos semanas de estancia, pregunto a mi amigo, cuales son sus planes, a lo que me dice que le gustaría quedarse un mes más, pero que no soporta dar clases a los niños, y que se quedaría sin dar clases a mis sobrinos.

A lo que me entra como una estrangulación en el estómago, así, igual que una puñalada, a lo que yo le comento que ya estoy un poco cansado. Claro, eso por no decir: Hasta los huevos.

Comento en mi casa la situación, y llegamos a la conclusión que el escocés debe irse, abandonar mi casa, preferentemente por las buenas.

Así que una mañana, le comento que tiene que abandonar el hostal royal, y buscarse la vida por otro sitio, que el chollo ya se le ha acabado. Ante lo que me dice que de quién es la decisión. Yo le digo que DE TODA LA FAMILIA. Mientras pienso que hay que tener morro para preguntar eso.

Desayuna, se ducha, hace la maleta, y me dice que quiere ver a mis padres.
¿Para despedirte de ellos? Pregunto yo.
No, para pedirles un dinero como agradecimiento a las clases de inglés. –Me dice el tío.

-Me parece que te has equivocado- Le digo bastante nervioso y un tanto cabreado, alucinando del morro que le echa al asunto.

A lo que, bien encabronado, le digo, le ordeno, que largo, que se vaya.

-¿Y las llamadas de teléfono que tengo que hacer?
-¡Las haces desde casa de mis padres!

Allí llega el payo, y después de unas cuantas llamadas, a Dios sabe dónde, me dice que lo lleve a Alcoy.

¿A Alcoy? Mira, toma cinco euros, te vas a la parada de autobuses, que está al lado de la panadería, te pillas un autobús a donde te lleve, y no vuelvas más.

Luego me entero que montó un poyo en el estanco de mi hermana.

Él, que ha tenido dinero para salir de juerga, que ha entrado y salido, que ha quedado con quien le ha dado la gana, ha desaparecido de la casa cuando le ha venido en gana, y a saber quién me ha metido en mi casa... ¿Me pide dinero por algo que ya teníamos previamente acordado?

Vamos, que se saca de la manga, a última hora, que teníamos que darle una cierta cantidad por familia, por las clases de inglés... ¡Anda a tomar por culo!

Otra cosa es que lo hubiéramos acordado de un principio, pero ahora, ahora que te vas, me vienes pidiendo dinero, después de cómo has estado viviendo a todo trapo en mi casa, que te venías a comer a casa de mis padres sin pedir permiso ni a Dios ni a su madre, cuando te venía en gana... ¡Fuera de aquí, tío cochino!

¿Y saben ustedes las ganas que me quedan de tener huéspedes en mi casa?

Sí, lo han adivinado: NINGUNAS.

Juan Montoya López

jueves 14 de julio de 2011

Pide con el corazón

Esto es que se era, una persona que padeció una edad del pavo larga y tardía. Era una persona ya hecha, mucho antes de que le saliera el primer pelo en la axila. Era ya una persona hecha y derecha, antes de su primer pelo en el pubis. Era una persona ya formada, aunque por formar, antes de su primer pelo en el pecho. Y sabia muy bien lo que tenia que hacer, mucho antes de sus primeras eyaculaciones.

Pero la vida, que puede llegar a ser un verdadero misterio, le hace a uno pasar por caminos insospechados. Por caminos oscuros, tortuosos, peligrosos, poniendo nuestra vida en peligro, nuestra autoestima y nos pone en entredicho, hace que la gente sospeche de nuestras intenciones, pierdan la confianza en nosotros para luego trabajar duramente y asi poder recobrar todos estos dones con los que veníamos de serie, que se pierden por este deambular por los caminos.

Ay! Y es que Dios es sabio. Como no iba a serlo? Si es Dios! Y como se dice: "aprieta, pero no estrangula". Asi que todas estas malas experiencias que le suceden a uno, son, ni mas, ni menos, que experiencias de la vida, enseñanzas impartidas por esta universidad, problemas que debemos resolver si queremos hacernos mas fuertes, mas sabios y mejores personas. Quien se quede atascado en un camino de la vida, tendrá una nueva oportunidad, mas adelante, o en la próxima vida.

Porque Dios, además de sabio, es bueno. Como no iba a serlo? Si es Dios! Y nos quiere. Nosotros, como hijos suyos, tenemos que aprender a amarlo como El nos ama. Y esto se hace, con el corazón, con la cabeza, con los pies, y con cada una de las células de nuestro cuerpo. Aprender a amar a nuestros hermanos, es un buen comienzo, o un buen final. Hacer cada una de las cosas y tareas, siguiendo el dictado de nuestra conciencia. Porque el que hace caso a su conciencia, seguramente dormirá mucho mas tranquilo que el que no lo hace. Que las cosas son mucho mas sencillas de lo que pretendemos. Nos complicamos las cosas, nosotros solos, y salir de esas complicaciones, desatar esos nudos que creamos, es lo que hace que seamos mas fuertes, mas sabios y mejores personas.

Hay muchas personas, que dicen, si existiera Dios, no permitiría que le sucedieran todas las cosas malas que les ocurren, que no habría asesinos, ni gente asesinada, ni catástrofes, ni atentados. Yo pienso que cualquier cosa que nos ocurra, que se nos escape de las manos, por muy mala que sea, no debemos dejar que nos influya en nuestra relación con Dios, ni debemos echarle las culpas a causa de nuestra frustración y nuestra ira. Porque todo, todo, hasta lo mas malo que nos puede suceder, tiene una razón de ser. Hay una enseñanza oculta detrás de cada catástrofe, detrás de cada asesinato, de cada atentado, aunque mueran personas inocentes. Siempre hay algo fuera de nuestro entendimiento, que en cuestión de tiempo, llegaremos a entender, y nos hará mas fuertes, mas sabios y mejores personas.

Hay, también, que saber que Dios esta ahí, no solo para contemplar su creación, en modo pasivo. Hay que aprender a pedir a Dios. Rezando, meditando o hablando con El en nuestros pensamientos. Porque nos escucha, y lo que le pidamos, nos sera dado en su justa medida y de la mejor forma, para que podamos digerirlo y que nos haga bien en nuestras vidas.

No se trata de pedirle deseos al genio de la lámpara mágica, que siempre se cumplen al momento y siempre nos traen algún que otro problema. Dios nos concede los deseos que le pidamos, y, como he dicho, nos los da en su justa medida, para que no se nos atraganten, como los deseos que se le piden al genio de la lámpara.

Aprende a pedir a Dios, que te lo concederá. Y aprende a usar tu corazón.

Con los mejores deseos,
Juan Montoya Lopez

miércoles 11 de mayo de 2011

Si la farmacia cierra sus puertas

Señores y señoras:


Debemos saber que técnicas curativas hay muchas. Tantas, o mas, como culturas y sociedades hay en el mundo. De modo que es tan efectiva la medicina tradicional, como lo es la acupuntura, la homeopatia, la medicina natural, las flores de bach, el reiki o los curanderos, chamanes y demás médicos con mas alto, o bajo, nivel de estudios.


Y perdonenme aquellos universitarios que estudian la carrera de medicina, fisioterapia, enfermería y otras carreras relacionadas con la medicina tradicional. Porque esa medicina a la que llaman "tradicional", es precisamente la que tiene menos tradición, es la mas reciente, proviene de aquellos barberos sacamuelas y cortadedos de la edad media, que, uniéndose a la ciencia, tan demonizada años anteriores por la sociedad y demás inquisidores de la iglesia, se han creído, o nos han hecho creer, que son los que tienen la voz cantante y que no hay otra medicina tan verdadera como la suya. Tradicional es la acupuntura, que lleva con el ser humano miles de años; tradicional es la medicina natural, que lleva otros tantos con nosotros, usando plantas y hierbas, que la medicina tradicional sintetiza y las vuelve química pura, para encapsular en pastillas, cremas y pinchazos.


De esta química, de la que nos hemos hecho dependientes muchos enfermos, se quieren aprovechar, y se están aprovechando, las compañías farmacéuticas. Que nada tienen que ver con el juramento hipocratico de la medicina, que algunos se pasan por debajo. Nada tienen que ver porque son compañías, es decir, empresas, y su interés va mas allá del puro altruismo o las buenas intenciones de sanar al mundo, si no el vil y cochino dinero.


Por esta razón, la medicina tradicional, que depende directamente de esas compañías farmacéuticas, hace que ellas se aprovechen de esa dependencia para engordar sus bolsillos y hacer de la medicina un puro negocio.


Estamos siendo constantemente engañados cuando compramos un medicamento que hemos visto en la tele, como producto de consumo, como cuando acudimos a la farmacia con nuestras recetas, de pensionistas o del seguro, da igual, porque estamos dando de comer a una industria, quizás mas poderosa que la mismísima industria armamentística que es la que gana mas dinero, tristemente, en estos dias, y siempre.


Así que si encima, el gobierno, que centra sus gastos en pagar a sus políticos con unos buenos sueldos, que hablando de todo un poco, se ponen ellos mismos, y en pagar otras cosas, como las guerras en plan Quijote en las que nos vemos envueltos cada vez que los americanos e ingleses ponen el punto de mira de sus armas en una nación "enemiga", no pagan a los farmacéuticos las dichosas medicinas. Por esta razón, hay muchas boticas y farmacias que tienen que cerrar por falta de ingresos. Vamos, que todo el mundo sacamos medicinas y nadie las paga, a pesar de llevar las recetas y todo, porque el gobierno ha suspendido los pagos de las medicinas a los farmacéuticos.


Si los farmacéuticos hacen huelga, y dejan de dispensar medicamentos porque el gobierno no se los paga: ¿que vamos a hacer los que dependemos directamente de esos medicamentos? ¿como vamos a disponer de las medicinas que necesitamos? ¿las vamos a tener que pagar de nuestros bolsillos?


Tengo que avisar, o aclarar, que en mi caso concreto, no me importaría pagar mis medicinas, si su precio no fuera tan elevado, pues cada cajita de pastillas ronda los 200 €. No he calculado el valor de todas las medicinas que tengo que tomar al mes, pero con seguridad que no baja de los 600€.






Si no tomo las medicinas, caigo gravemente enfermo. Y si pago las medicinas, no me queda dinero para comprar comida y menos para pagar la vivienda.


¿que hago? No compro la medicación para poder comer y me pongo enfermo y muero, o me compro la medicación y me muero de hambre.


¡Ay! Yo creo que lo mejor es una muerte rápida e indolora.


Juan Montoya Lopez
www.juanmontoyalopez.es

martes 19 de abril de 2011

Clase de dibujo artístico a un aparejador

Mi amigo Poli, a parte de arquitecto técnico, es un amante de la música, gran guitarrista, fue el que me dio las primeras nociones de guitarra.

En la carrera de aparejador se da un dibujo, básicamente técnico. Los alumnos salen a las calles a dibujar edificios. Con Poli, tengo gran parte del trabajo hecho, porque tiene una visión espacial, que los mismos estudiantes de Bellas Artes (algunos) carecen de ella. Quiere aprender a dibujar formas humanas, para enriquecer sus viajes con apuntes de aquello que se encuentre en su camino: Edificios, paisajes, personas...

Así que hoy hemos comenzado una introducción al dibujo de estatua, midiendo con la plomada y las agujas de ganchillo (en este caso, pinceles finos). Más adelante, echaremos mano a los colores y comenzaremos a pintar a la acuarela. Es muy buen alumno. Tiene mucho interés y es hábil con el dibujo. Pronto, antes de que se dé cuenta, comenzará a dominar las bellas artes.

Un saludo desde La Puebla a Poli.

lunes 14 de marzo de 2011

Mi estimad@ amig@:

La belleza es algo tan personal y subjetivo, que lo más horrendo del mundo puede llegar a ser lo más bello para alguien.



La Venus de Willendorf, con sus anchas caderas, sus grandes pechos pegados al abultado estómago, no era sino el modelo de belleza de las gentes de la edad de piedra. Un modelo de fertilidad, mezclado con la magia de las sociedades matriarcales y la capacidad especial que sólo tenían (y tienen) las mujeres para crear otras personas.

Hay hombres que aún hoy, cuando el modelo de belleza es una figura delgada, desean y les gustan las mujeres grandes, de grandes pechos y caderas poderosas.

Muchas son las veces que he visto la típica pareja en la que, generalmente, el chico es una persona delgada, poca cosa, y la pareja es una mujer grande, gorda y exuberante. Que la mira con cara de deseo, como el hambriento que mira una tarta de chocolate tras el escaparate de una repostería. Él se muere por comer de la rica tarta, y ella muchas veces se avergüenza de su grandeza, cuando es probable que tengan que hacer el amor con la luz apagada porque se rechaza a sí misma.

Lo que no he visto (o quizás es que no me he fijado) es el caso inverso: Un chico gordo con una chica delgada.

Me aseguran por ahí, que hay mujeres que les van los gordos, pero ¿dónde están esas mujeres? ¿dónde se esconden?

Este pasado verano, me decían un par de amigas octogenarias que estaba muy, muy guapo, que siempre había sido el más guapo del grupo de amiguetes, y que seguía siéndolo, pero que con ése cuerpo, no encontraría mujer que quisiera estar conmigo, pues me imaginaban yo encima de la pobre chica, empujando y dejando caer mis ciento cuarenta y pico quilos insisténtemente sobre ella, cual elefante marino que descarga su increíble volumen y peso corporal, sobre las pobres focas hembras, en la época de reproducción.

Y es que, en verdad, hay posturas para el sexo, como puede haber posturas para hacer yoga o cualquier tipo de gimnasia: casi infinitas.

Vamos, que no necesariamente tengo que estar yo arriba, y la pobre chica debajo, soportando mi enormez. Que sí, que es más fácil que la chica esté rellena, y la pulga del chico se suba a ella como se podría subir un enano de un circo sobre un elefante o un chihuahua se tirara a una perra grande.

O más bien, como una araña macho, que suele ser más pequeña que las arañas hembras, esperando que en cualquier momento, cuando acabe la cópula, la hembra se lo zampe como aperitivo post-coito.

Si soy guapo (o eso me dice la gente) no creo que tengan la mala leche de tenerme engañado. Me imagino que seré guapo delgado, y lo seré también estando gordo.

Pero las mujeres se echan para atrás cuando no están seguras y ponen como excusa lo de los kilos de más.

Y por un lado lo entiendo, porque yo, personalmente, prefiero a las mujeres delgadas. Aunque hay personas que les gustan las mujeres gordas. ¿Dónde están las mujeres que buscan hombres gordos? Porque en verdad, que no las encuentro por ningún sitio.

Estoy viendo la manera de operarme el estómago. Y no, no lo hago porque esté harto de no encontrar pareja. Lo hago porque ha llegado un punto, en el que estar así como estoy, es demasiado molesto. Me cuesta trabajo subir y bajar del coche. Me duelen las piernas constantemente. No puedo dormir en horizontal, y muchas veces tengo que pasar la noche sentado en la mecedora. Es un suplicio agacharme, o bien para ponerme los calcetines o los zapatos, como para recoger algo que se ha caído al suelo. Y bueno, yo siempre he tenido mucha flexibilidad, pero aún a pesar de esa flexibilidad, el tener tanto volumen en mi barriga, hace que al agacharme, tenga que aguantar la respiración.

Las que han estado embarazadas conocerán la molestia de tener una barriga.

Claro, que no es lo mismo tener una barriga que se sabe lleva premio en su interior, de la que nos libraremos y llevamos dignamente porque estamos trayendo a una nueva persona al mundo, que tener una barriga que lo único que lleva es grasa. Un verdadero coñazo.

Bueno, busco pareja. Formal, que me quiera por cómo soy interiormente. Sé que puedo llegar a ser a veces un poco difícil, pero soy bueno en esencia. 

Por favor, interesadas, llamad a mi móvil que se encuentra en mi cuenta de Facebook: http://www.facebook.com/juan.montoya.1976
echad un vistazo a las fotos y sopesad si os convengo o no.

Absténganse aquellas señoritas que sólo quieran una relación esporádica.

Atentamente:

Juan Montoya López

domingo 13 de febrero de 2011

Gitano a ratos

He subido un video que se llama Gitano a ratos . Es sobre una canción de Raimundo Amador, que habla de aquellos que dicen ser, y les gusta ser, gitanos, cuando todo es bonito, bello y las cosas les vienen a su favor, pero cuando las cosas se ponen feas, niegan su condición de gitanos.

La canción original se llama 
Gitano de temporá

Es un vídeo en el que he remezclado la canción original y en el que remarco este hecho que refleja Raimundo Amador, pero extendiéndolo de una forma generalizada. Está dedicado a todos aquellos que asumen su condición, con dignidad, bien sean las cosas favorables, como si son negativas.



viernes 11 de febrero de 2011

Raimundo Amador, Gran Músico, Gitano y Guitarra

Su nombre completo: Raimundo Amador Fernández, nacido en el Barrio de “Las Tres Mil”, en Sevilla. Un barrio poblado por cientos de familias gitanas, que alejadas de su nomadismo, típico en esta cultura, les adjudicaron casas que fueron precisamente las que terminaron con la libertad de esas gentes, que como pájaros enjaulados conviven en un barrio donde sólo hay gitanos, del mismo modo que se mete a un pájaro en una jaula, o se le prescribe un área o una zona protegida a ésas especies que están en peligro de extinción; con la diferencia, que cuando se crea una zona protegida para una especie animal, es generalmente para su repoblación y aumento en número; pero cuando esto se hace en humanos, es generalmente para su exclusión de la sociedad, el alejamiento del mundo y su eliminación a los ojos de las demás personas.

Gran ejemplo de esta exclusión de la sociedad y afinamiento en zonas restringidas, es, a parte del caso de los gitanos, en el Barrio de Las Tres Mil, en Sevilla, y en todo el mundo, el caso de los indios americanos en los Estados Unidos de América y los aborígenes australianos en Australia.

Raimundo Amador, comenzó a tocar la guitarra desde ya muy pequeño. Conoció a Paco de Lucía y a Camarón de La Isla en el tablao de “Los Gitanillos”.

Alrededor de los años setenta, conoció a Kiko Veneno, y junto a su hermano, Rafael Amador, formaron el grupo musical “Veneno”. Hicieron muchas cosas interesantes, nuevas para la época, anticipándose a lo que hoy en día se hace.

En el video de “Joselito”, en el que canta Kiko Veneno y Raimundo Amador a la guitarra, Kiko se queja de su larga trayectoria como músico, y que nunca se le haya reconocido su arte, como es debido, hasta que es redescubierto por un productor inglés, que le produce, “Échate un Cantecito” en 1992.

Luego formó “Pata Negra” con su hermano Rafael, en donde ambos hermanos crearon la fusión del flamenco con el blues.

Raimundo es un genio de la guitarra, en todas sus dimensiones, clásica, acústica, eléctrica y demás variantes de la guitarra. Todas las domina, y las toca con las uñas o con púa. El flamenco se toca con las uñas, y el blues, se toca generalmente con una púa, lo que hace que alguien que ha creado una fusión de ambas corrientes musicales, domine ambos modos de tocar la guitarra. Claro que luego están esos fulambulistas de la guitarra que la tocan con naipes, con la lengua o por detrás, pero eso es otra historia. Raimundo DOMINA la guitarra, con letras mayúsculas, y la toca como una extensión de su cuerpo.

La guitarra como instrumento, es desagradecida, porque se requieren horas y horas de práctica, día tras día, sin descanso. Te demanda una dedicación total, si se quiere tocar de una forma aceptable. Es extraña, porque parece fácil, pues no requiere una musculación especial, como en los labios y los músculos faciales en los músicos de trompeta, pero requiere fuerza y agilidad en los dedos, y sincronía de una mano con la otra, sumado a que una misma nota se puede tocar tanto en un lado como en otro, permitiendo infinidad de posibilidades, es por esto, además, un instrumento complicado.

Raimundo ama a la guitarra, y algo que se ama, no duele dedicarle tiempo. Esto sumado, al arte, la gracia, la buena gente y el salero que tiene esta persona, lo hacen un artista de la punta de arriba.

El problema viene con lo de ser de aquí, de España. Y es que en España, no sé si es porque es un país en el que abunda el arte o en el que no se sabe apreciar, desmejoramos lo nuestro, y le damos más importancia a artistas extranjeros, que a los que nada tienen que envidiar nuestros artistas nacionales. En muchos casos, los superan.

Pero hablo de una clase de artistas que se mueve por debajo, por el subsuelo del resto de la música que suele sonar en las emisoras comerciales, que como la buena agua potable, corre por debajo de la tierra, por torrentes limpios y saludables, a la alcance de unos pocos.

Raimundo ha roto esta barrera del “Underground Musical”, consiguiendo la consagración tanto en las emisoras cultas, como en las comerciales.

Juan Montoya López




























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miércoles 2 de febrero de 2011

El Circo de la vida


EL CIRCO DE LA VIDA

Era una vez que se era, una persona de corta edad. De ésas que ya no son niños, pero aún no son mayores, que se cuentan en esa edad sin definición, a la que unos llaman la edad del pavo.

No acababa de ser niño cuando ya se le asomaba la pubertad entre pelos en las axilas y un bigote negro de pelo de melocotón. Aunque su cuerpo le pedía a gritos que fuera ya un hombre de una vez, él parecía seguir entreteniéndose con juguetes, cromos, comics y todas las navidades escribía religiosamente su carta a los reyes magos.

Él se resistía a finalizar con esa etapa de niñez, pero no de una manera consciente, ni  tan siquiera oponiéndose férreamente. Simplemente, era que no sabía ser de otra forma. Había sido niño durante toda su vida, y no encontraba por qué debía dejar de serlo. Tampoco se lo propuso vez alguna.

Los que sí estaban preocupados por el comportamiento de su hijo, eran sus padres. Sobre todo, el papá. Porque la mamá estaba muy a gusto con que su hijo siguiera siendo su niño del corazón el mayor tiempo posible. Ya tendría tiempo para salir con chicas, para comportarse como un idiota, fumar y meterse en líos.

Mas el padre sentía como un pequeño hormigueo que no era otra cosa sino una vergüenza ajena, que le estaba contaminando para dejar de ser ajena y convertirse en vergüenza propia, pues ¿Que no hay más propio que tu propio hijo?

Así que decidió explicarle a su propio hijo lo que era la vida.

Cuando tenía a su hijo delante suya, para explicarle el secreto de la vida, se quedó sin palabras y fue entonces cuando se dio cuenta que no sabía cómo explicar lo que era la vida. Ante este silencio incómodo, el niño preguntó a su padre: “Papá, ¿Me llevas al circo?”

Así que en puesto de balbucear unas palabras torpes, y confundir aún más a su querido hijo, tomó la decisión de llevarlo al circo para de esta forma, tener más tiempo y encontrar las palabras necesarias para hacer entrar a su hijo en razón.

En la explanada de al lado, donde se encontraba la carpa, había mucha gente. El olor a excrementos de elefante y los rugidos de los tigres y leones, hacía que se mezclara con el griterío de los niños y el algodón de azúcar. Un payaso repartía globos a niños y mayores que entraban por taquilla.

Cuando el payaso ofreció un par de globos para padre e hijo, el padre los rechazó: “Ya somos bastante mayores para esas tonterías”, el payaso, siempre sonriente, hizo un gesto en el que le cambió el semblante por completo torciéndose en un horrible gesto de tristeza.

-¿Sabes, papá?- dijo el niño
-Qué-contestó el padre
-No deberías haber hecho eso, has puesto triste al payaso.
-Mira, hijo. Yo lo que quiero es explicarte lo que es la vida, para que te hagas un hombre- Se justificó el padre.
-¿Sabes lo que es la vida, papá?
El padre hizo una mueca, que quería ser una sonrisa y dijo: “¿Qué es la vida, hijo?”
El hijo contestó: “La vida es como el circo. Hay naturaleza, humanos, gente que se divierte, gente que gana dinero y gente que paga por un lugar en el que pasar su estancia aquí, mejor o peor. Unos piensan que están aquí por los hijos, y los hay que están aquí porque se lo pasan bien. Al final, todos nacemos y morimos. Nacemos siendo niños, y luego volvemos a ser niños, de viejos, que se preparan para pasar sus últimos días, como todos esos abuelos que traen a sus nietos de las manos”.
El padre se sintió satisfecho de la sabiduría de su hijo. “Veo que sabes muy bien lo que es la vida”.
-Sí-dijo el niño.
-Yo quería que te prepararas para ser un hombre, y veo que tienes todo lo necesario.
-Papá, ¿Qué diferencia a un hombre de un niño?
-¿Que, hijo?
-Que el hombre, es un niño que se le ha olvidado cómo vivir la vida. ¿Tu quieres que me haga un hombre?
Al padre se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo: “No, yo te quiero como eres”
-Ah, porque si no, tendré que esperar a viejo para volver a aprender a vivir, y entonces, me quedará ya poco tiempo para disfrutar de la vida.
Diciendo esto, pegó un mordisco a su algodón de azúcar y comenzó la música del circo.

Juan Montoya López


miércoles 26 de enero de 2011

Contacto con lo espiritual

A veces, me pongo a recordar, y pasan por mi mente recuerdos que me hacen enfadar, me pongo de mala hostia, conmigo mismo y con aquella gente que me lo hizo pasar mal. Me acuesto a dormir por la noche, y como me surjan estos pensamientos, no sólo no consigo conciliar el sueño, sino que me altero y no puedo pegar ojo. Me imagino que a todo el mundo le pasa. Si algo he aprendido de tanto pensar, es a controlar de algún modo mis pensamientos. Cuando éstos me atormentan, intento dejar la mente en blanco o hago lo que la Virgen de Fátima le aconsejó a esos niños a los que se les apareció en ese pueblo de Portugal: Rezo un rosario al día. No sé, si es gracias a la fe, o a la repetición de AveMarías a modo de mantra, o a las dos cosas, consigo ordenar mi mente, y a veces, a modo de ovejitas que saltan la valla, me quedo durmiendo en medio del tercer o el cuarto misterio, antes de ser capaz de terminar el rosario.
¿Qué se tiene primero? La fe que te hace rezar el rosario, ¿O rezando el rosario hace que crezca la fe?

Yo creo que una cosa va con la otra. Nadie que no tenga fe o una mínima pizca de creencia cristiana, se le va a ocurrir rezar el rosario. Por tanto, sin fe, no rezas el rosario, y si no rezas el rosario, no tendrás fe.

Aunque hay gente que tiene mucha fe, y no rezan el rosario. Fe en algo, en algo abstracto o en algo concreto, como hay gente que tiene muy mala fe, aunque eso entra dentro de la mala leche de cada uno.

Cada religión tiene su propio rosario: El tasbih árabe, el kombolói griego, los malas budistas, judíos, japoneses, turcos... Todos tienen una herramienta, como el rosario, a base de cuentas, y que sirve para rezar. Vamos, que no es cosa exclusiva de los católicos, y que por lo visto, este sistema de repetición de rezos, tiene un efecto en la mente del que lo reza, mucho más allá de una simple relajación.

Cuando estas herramientas llevan tantos años con el ser humano, será porque, o bien nos ponen en contacto con las divinidades, o bien, no podemos negar que llevamos con nosotros algo más que simple escepticismo y pura ciencia, sino que somos, a parte de seres racionales, seres espirituales, que necesitan cultivar tanto un polo, como el otro, para el buen equilibrio físico, mental y espiritual.

Bueno, espero que esto les sirva de algo más que para el simple deleite de leerlo. Vamos, que cada uno encuentre su forma especial de relajación y de toma de contacto con lo espiritual, para bien propio y de sus vecinos. En definitiva, del universo.

lunes 17 de enero de 2011

Confusión en el Hospital


Era la segunda vez que me ingresaban en el hospital en un año y medio.
La primera, fue a causa de un brote de esquizofrenia paranoide. Oliendo que me buscaban, huí por el pueblo y busqué albergue en casa de unos recién conocidos amigos ingleses que habían comprado una casa en el pueblo e intentaban ganarse la vida lejos de su Gran Bretaña, querida u odiada, aquí en esta España cálida, soleada.
La mujer, me abrió la puerta de la casa, me ofreció un té, mas no recuerdo si fui yo el que insistió en la invitación. Con varias horas a mis espaldas sin dormir, allí, en ese sofá de verano, lleno de cojines, me quedé durmiendo, sin darme cuenta y ante la urgente impaciencia de la dueña de la casa por que despertara y me fuera, a mi casa o lejos de allí.
Con la llegada de la Luna, y el Sol que se escondía tras el horizonte, llegó el marido, que no conociéndome de nada, me hizo unas preguntas. Tras una conversación, me aconsejó que volviera a casa.
Al llegar, ahí estaba el coche de mi padre, delante de la puerta de la cochera, no sé si mal aparcado o más bien bloqueando la salida de vehículos de la casa.
Sin hacer ruido, entré en mi habitación y cerré la puerta con el cerrojo. No recuerdo cuanto tiempo, me quedé dormido, con sueños extraños y sin saber muy bien, si realmente estaba soñando, o los sueños eran tan reales como lo que estaba viviendo aquellos días.
Llaman a la puerta. Es mi hermana que con urgencia quiere que le abra. Como respuesta a la voz que denotaba sufrimiento y angustia, no hice sino hacerle caso y abrir la puerta, a lo que me encuentro, al otro lado de la estancia, con unos personajes extraños vestidos de blanco, que todo hay que decirlo, me daban muy mala espina, y a unos guardias civiles, que muy hábilmente, bloquearon la puerta para que no la volviera a cerrar poniendo la bota del uniforme, con pie dentro y todo, en el marco de la puerta, de forma disimulada. Sin que se me escapara este detalle, hice ademán de volver a cerrar, pero viendo la bota en el suelo, y el gesto que me hizo el guardia, volví a abrir la puerta, no sin antes, pedir que por favor, me dieran tiempo para que me aseara. “No hay tiempo”, me dijeron. A lo que salí de la habitación, sin oponer resistencia, y ví que habían muchos guardias. Dos coches de la guardia civil, llenos de policías, dos ambulancias, varios auxiliares, y allí estaba el que vestía el uniforme blanco, que me daba tan mala espina. No me extraña que algunos enfermos mentales suframos tanto en los ingresos hospitalarios, ante personajes tan tétricos como este loquero, que tenía un punto de sádico, como que disfrutaba ante estas incómodas situaciones.
Dos de los guardias civiles se ofrecieron a acompañarme en una de las ambulancias, junto con una auxiliar, que tenía pinta de persona normal, tenía una mirada de amor por el prójimo, y además, era una antigua amiga de la escuela de mi hermana.
Todo fue llegar al hospital, acostarme en una cama, que me pincharan algo en el culo y en seguida subir a la planta de psiquiatría.

Bien, en el segundo ingreso, sufrí un episodio hipomaníaco, derivado de un cambio de medicación en el que corría riesgo de sufrir una recaída, y evidentemente la sufrí.

Este segundo ingreso fue menos aparatoso que el anterior. Cooperé en todo momento, y sin necesidad de ser intimidado por guardias civiles o loqueros locos.

Recuerdo que me tocó la habitación 001, en la cama 2. Cada habitación tenía dos camas, en las que había dos pacientes, junto con un cuarto de baño que tenía, a parte del wáter y el bidé, una bañera sin alcachofa ni manguera, para evitar el riesgo de suicidio. Me bañé como pude, haciendo de mis manos un recipiente, y echándome agua en el cuerpo.
Luego fue cuando me enteré que las alcachofas las tenía uno que pedir por la mañana para ducharse, para luego ser retiradas por el celador de turno.
Un problema que tuve, es que la ropa del hospital, me estaba toda pequeña, incluso las tallas más grandes, por lo que iba en todo momento, vestido con mi ropa. A lo que hice una sugerencia en el mostrador donde estaban los enfermeros: “Estaría muy bien que tuvieran tallas grandes”. A lo que me respondieron que las sugerencias se debían hacer fuera del hospital, es decir, cuando uno no estaba ingresado. ¿Cuando va uno a hacer una sugerencia sino es cuando está ingresado? De otra forma, hacer sugerencias sobre el hospital cuando uno está fuera, implica que uno alberga la posibilidad de volver a ser ingresado, y esa es una posibilidad, que, aunque probable, no quiero albergar en mi mente.

Mi compañero de habitación era un depresivo, y le había tocado la cama 1, al lado de la ventana con unas vistas de la montaña impresionantes.

Llevé conmigo una caja de pasteles, para entretenerme dibujando, en esos momentos en los que no nos dejan fumar, o incluso, para disfrutar más de la sala de fumadores, mientras hacía retratos a los enfermos y cobrar en tabaco.

Le pregunté a mi compañero de habitación si quería que le hiciera un dibujo. Dijo que sí, pero no un retrato ni nada de eso, me dijo que quería que le hiciera un árbol. ¿Qué tipo de árbol?. Un sauce llorón. Como no.

Mientras dibujaba las ramas que caían como cascadas hacia abajo, él me decía que lo hiciera más llorón aún, y ahí estaba yo, ondulando las ramas haciendo en verdad, un sauce llorón, muy llorón. Me di cuenta que el árbol no tenía perspectiva, que estaba hecho en una visión lateral, como si fuera la vista de una pieza de dibujo técnico. Cuando llega y me dice que le haga las raíces. “Pero las raíces no se van a ver”, dije yo. Insistió en que se las pusiera, así que hice un corte de la tierra mostrando las raices que iban hacia el suelo.

Le regalé el dibujo y lo puso encima del mueble de su cabecera.

Por la mañana era cuando venían los médicos psiquiatras a hacer el reconocimiento. Y si uno no estaba atento, corría el riesgo de perder la visita y posponer la salida del hospital unos días más.

Así que pregunté en el mostrador si tenía cita con el médico, y me dijeron que fuera a mi habitación que pronto me vería.

Al llegar a la 001, me encuentro con un psiquiatra que no era el mío, pero que insistió en verme, y, ante la posibilidad de que hubiera habido una sustitución o a saber qué trajines se llevaban los médicos, accedí a que me viera.

Me preguntó que cómo me encontraba, a lo que respondí que mejor, o sea, que bien, pero sin estar demasiado bien, en otras palabras, que estaba normal, no demasiado arriba ni demasiado abajo.

El psiquiatra insistió en el llanto, en la tristeza y que si no tenía ganas de hacer nada. A lo que le respondí que estaba haciendo dibujos, como por ejemplo ése sauce llorón. “Es un sauce llorón muy llorón ¿No?”, me dijo el psiquiatra. Puede ser, pero me estaba tocando los huevos, porque parecía como si insistiera demasiado en el llanto, ¿Qué insinuaba? ¿Que yo era un llorón? ¿Un blando?

Como no seguía al psiquiatra, intenté hacer acopio de ganas de entendernos y continué escuchándolo, a ver si pillaba por donde iba. A lo que me quedé más confuso aún. Ante mis respuestas, el psiquiatra parecía satisfecho y quitando hierro al asunto, decía que no tenía importancia. Bien, un poco desorientado, me quedé pensativo en el sillón mientras el psiquiatra se iba de la habitación.

Por la tarde, daban el alta a mi compañero, que tenía, como todos, muchas ganas de salir de allí, y con mucha prisa, recogió sus cosas, dejando el dibujo olvidado, le grité “¡que te dejas el árbol!”. Dándose la vuelta cogió el dibujo y salió como alma que lleva el diablo.

En la siesta, me quedé durmiendo en mi cama. Estaba yo solo en la habitación y no molestaba a nadie con mis ronquidos. Luego me despierto y veo la cara de alguien en la cama de al lado, que por lo visto, acababa de llegar, de ser ingresado, y me había estado tocando para que no roncase. En puesto de enfadarme, me tragué las ganas y lo saludé.

Era un niño rico, que por lo visto, y por lo hablado, había estado pegándose muchas fiestas, y estaba falto de sueño. A saber si además llevaba en el cuerpo alguna sustancia extra que no lo dejara dormir.

A la mañana siguiente, y en ayunas, viene todo un equipo de enfermeros para quitarme la chaqueta y hacerme unas pruebas y sacarme sangre.

Pasan los días y me ve mi psiquiatra, el mismo que gestionó mi ingreso, el que se supone me debía ver desde un principio. Me dice que me van a hacer un TAC. Pregunto si eso es un escáner, vamos que es un TAC y no un TEC, puesto que la diferencia de la A a la E, es que una cosa es un escáner y la otra es un electroshock. A lo que me dice el psiquiatra que sí, que es un escáner, un TAC.

Me hacen el TAC, me imagino para ver si mi demencia tiene una base física, por alguna deformación del cerebro o si hay algún tumor o alguna cosa anómala.

Pronto me dan el alta y vuelvo a casa con la medicación ajustada y en plena forma.

Pero antes, voy al mostrador de enfermería para que me devuelvan la ropa que llevaba, mis collares de plata, el reloj y mi teléfono móvil.

Me preguntan qué habitación es la mía. La 001, cama 2. Me sacan las cosas y digo que esas cosas no son mías. Miran en la cama 1, y ahí está mi ropa, mis collares de plata, el reloj y el móvil.

Con el tiempo, y ante toda esta serie de irregularidades, piensa uno: “¿Cómo puede ser que mis cosas estuvieran en la cama 1, en puesto de estar en la cama 2 que era en la que pasé todo el ingreso?”

A lo que tengo una respuesta sencilla: Cuando le dan el alta a alguien, el otro compañero se queda solo en la habitación. Así que cuando me ingresaron, mi compañero depresivo se cambió de cama y cambió las cosas de su armario a los de la cama 1, que tenía mejores vistas y estaba junto a la ventana.

De otra forma, no se explica, que el primer psiquiatra me tomara por depresivo, cuando yo era todo lo contrario, y que me hicieran unos análisis la mañana siguiente al ingreso de mi segundo compañero.

Cuando entramos en un hospital, pasamos de ser personas con nombre, a ser personas con número. Esto agiliza la gestión de los enfermos del hospital. Pero cuando las personas dejan de tener nombre para convertirse en números, les es más fácil cambiar su identidad.

Que mi compañero se cambiara de cama, hizo que automáticamente pasara de ser el número 001-2, a ser el 001-1, que nos cambiáramos los papeles y los médicos no nos identificaran como es debido.

¿Que más puedo decir? Que aquí estoy, vivo, escribiendo estas letras, pero, si en puesto de estar en el hospital por enfermedad mental, estoy para una operación, hubiera sido muy jodido que me operaran de algo que no me corresponde.

Juan Montoya López

lunes 10 de enero de 2011

Baja por depresión


Este escrito va dirigido a los que no quieren trabajar y a los que no pueden trabajar. Pues hay una gran diferencia en no poder trabajar, debido a una enfermedad, y no querer trabajar, escudándose en una enfermedad, como no, fingida.

Es muy difícil fingir una enfermedad física, pues si no hay lesión, no hay enfermedad. Mientras que hay muchos caraduras, que aprovechándose de lo difícil que es detectar una enfermedad mental, fingiendo los síntomas de este tipo de enfermedades, logran engañar al médico de cabecera para ausentarse del trabajo a costa de la seguridad social y de los empresarios, que ya lo tienen mal hoy en día para salir a flote, encima, hacerse cargo de esta gentuza.

La enfermedad mental preferida de estas personas, a las que yo llamo gentuza, es la depresión, pues lo único que se necesita son grandes dotes interpretativas para el llanto. Y como el médico de familia se debe hacer cargo de toda enfermedad y es quien deriva, o no, al enfermo al especialista, hay algunos médicos que prefieren hacerse cargo de estos “enfermos” y recetarles ellos mismos los antidepresivos y ansiolíticos, en puesto de derivarlos al psiquiatra, médico especialista en estas cosas, quien será el más capacitado para ver cuan “profunda” es la depresión y si realmente es depresión o lágrimas de cocodrilo.

Por culpa de toda esa clase de enfermos imaginarios, de esa gentuza, hay enfermos reales, que no es que no quieran trabajar, sino que no pueden, porque realmente tienen una depresión o enfermedades mentales mucho más graves, y cuando los enfermos reales tienen que ir a pedir una ayuda a la seguridad social o una incapacidad laboral, o lo que sea, se encuentran con trabas, con “peros”, con barreras y médicos hartos de ver  a idiotas hacerse el loco, que en puesto de hacer un servicio por los enfermos, se encargan de intentar desenmascarar lo indesenmascarable. Cuando las trabas, los problemas y ese desenmascaramiento, los debe hacer el médico de cabecera antes de dar la baja alegremente y cerciorarse bien que se encuentra ante un enfermo mental, y no ante un gilipollas que no quiere trabajar.

¿Saben qué les deseo a toda esa gente que finge una depresión? Que en un momento de sus vidas, sepan realmente lo que es una depresión. Vamos, que se pongan enfermos de verdad. Y entonces, verá mucha gente, que la depresión no es un juego, que es una cosa desagradable, como enfermedad que es, y que por ello una persona con depresión debe tomarse la baja. Ahora, que las bajas se las den a aquellos enfermos que realmente lo estamos, y no a todos esos caraduras.

sábado 18 de diciembre de 2010

Karma



Tantos años, y tantas veces en las que he puesto verde a la sociedad, al mundo y a la vida, cuando uno viene a darse cuenta, que ni la sociedad, ni el mundo son tan malos, que si uno viene a la vida, no siempre es a sufrir, sino dependiendo del punto de vista con el que veamos la realidad o de cómo nos comportamos con nuestro entorno.

Una vez más, las filosofías orientales tienen la razón, con esa sabiduría acumulada a lo largo de los siglos, que contienen explicaciones, técnicas y modos de vivir, que explican cosas que se nos pueden pasar por alto, de una forma práctica y totalmente funcional.

Estoy hablando del karma, un término algo confuso, difuso y poco concreto, que nos viene a explicar llanamente, que los actos que efectuemos tienen una repercusión directa o indirectamente en nuestras vidas. Si hago algo malo, no es que vaya a ir al infierno, no, ni mucho menos, es que ese acto negativo, dependiendo de su magnitud y de la intencionalidad que lleve, me va a afectar tarde o temprano en mi vivir cotidiano. Vamos, lo que algunos llamamos, la ley del boomerang. Toda acción, positiva o negativa, vuelve a nuestras manos, del mismo modo en la que la hemos emitido.

Es algo que me costó un gran esfuerzo entender en su día, y que gracias a mi experiencia diaria, acabo de entender de una forma consciente y clara.

Alguien que se meta en un mundo oscuro, tenebroso y maligno, como puede ser el de las drogas, se irá adentrando paulativamente en él, hasta que toda su vida sea oscura, tenebrosa y llena de dolor. Sólo hay que hacer un esfuerzo continuado, consciente y sostenido, lo suficientemente duradero en el tiempo, para que esa energía negativa o karma, dé la vuelta y nos comiencen a suceder cosas positivas.

Del mismo modo, que el que vive en un mundo oscuro, tiene el vicio de ir repitiendo el mismo modelo doloroso, una y otra vez, cuando el individuo, consciente de este dolor, cambia su modo de actuar, puede ser cuestión de meses, años, dependiendo de cuán abajo esté, para que este modelo cambie y se convierta en algo positivo y lleno de luz.

No es que si somos buenos iremos al cielo. Es que, si somos buenos, estaremos viviendo en el mismísimo cielo ya mismo, sin necesidad de irse al otro barrio.

Juan Montoya López
www.juanmontoyalopez.es




COMENTARIO


Comparto mucho esta idea a excepción de la primera parte del quinto párrafo. Juan, por favor, que parece un eslogan de las hipócritas campañas para idiotas de la fundacióndeayudacontraladrogadicción.

¿Drogas?. Cualquier sustancia o alimento puede ser beneficioso o perjudicial según usos y abusos, y según cada individuo. Todo lo demás son sandeces, mentiras e intereses.

No hay que buscar ningún chivo expiatorio fuera de uno mismo. Toda la oscuridad está en nosotros de la misma manera que toda la luz, y sólo en nosotros está encontrar el equilibrio, si dios quiere.

Te ruego que no te ofendas, ante todo me parece estupendo que te expreses con tanta audacia,  pero es que me molesta mucho que gente inteligente como tú caiga en esos engaños, aunque sea inconscientemente.

RESPUESTA AL COMENTARIO



Cuando me puse a hablar sobre un mundo de oscuridad, de negatividad, de sufrimiento, me vino automáticamente a la mente, el mundo de las drogas. Automáticamente, y no gratuítamente. Por el hecho de que, según mi experiencia, y la de muchos adictos más, las drogas nos han hecho mucho daño, hemos sufrido con ellas, y hasta hemos estado a punto de perder la vida, cuando no, nos hemos vuelto locos, literalmente, vamos, de psiquiátrico.

Hay gente, que lleva las cosas de drogas con bastante naturalidad, del mismo modo, que yo puedo beber media botella de whisky un día, y estar tan fresco, no acordarme del alcohol para nada y no tener ninguna dependencia a esta sustancia. Como hay gente, que precisamente con el alcohol tienen un problema muy serio, tanto o más grave, que el que he tenido yo con ciertas drogas.

Hay drogas que son venenosas para algunos, y otras que no lo son. Ciertamente, debo y quiero, alejarme de ciertas sustancias, como lo son el cannabis, la cocaína, y otras muchas, que no he probado, y que la simple idea de pensar en probarlas, hace que se me pongan los pelos de punta.

Las drogas están ahí, y será por y para algo. Una misma cosa, puede llegar a ayudar, como puede llegar a ser un problema.

No estoy en contra de las drogas. Pero estoy en contra del sufrimiento que pueden llegar a causar a cierta gente. Y es de éste sufrimiento, de esta negrura, de este dolor, del que quería que me entendieras.

Hablando de otra cosa:

Hay un movimiento generalizado de personas que están en contra de la religión, católica en concreto. Pues si hablamos de budismo y zen, a muchos se les hace el pijo agua.

¿No ves un cierto parecido en las cosas que hablaba del karma con las ideas de la religión católica?

Las dos vertientes, la oriental y la católica, intentan hacernos llegar a un mismo punto: La conexión con Dios o La vida llena de plenitud, alegría y amor.

La idea de Karma, es que tal como nos comportemos, así será nuestra recompensa.

Y el pensamiento católico, nos dice que si somos buenos, iremos al cielo, y si somos malos, al infierno.

Las dos formas de pensar, intentan hacernos llegar a un mismo punto. Puede que una sea más fácil de seguir para unos, mientras que la otra lo sea mejor para otros. Y, si una idea, se sigue con buenas intenciones, y con afán de buen entendedor, da igual que sigas la vertiente católica, que la oriental, que con las dos, llegarás a ser feliz.

Hay un problema, y es que alguien puede perderse con la idea de 'pecado', cuando pecado, no es una falta, de la que tengamos que arrepentirnos, y si no lo hacemos, seremos malos. Pecado, nunca puede ser involuntario, pues entonces, si es involuntario, nunca puede haber pecado, pues pecado, es cuando hacemos algo que hace que tengamos remordimientos. Y si tenemos remordimientos, tras haber hecho algo, estos remordimientos, no nos dejarán ser libres y disfrutar, por lo que estaremos más lejos de la felicidad, y por tanto, de Dios. El pecado, se limpia con el simple hecho de ser consciente de ese remordimiento, y poniendo en contacto, este remordimiento, con el ente superior al que llamamos Dios, para que nunca, nunca, llegue a ser tan grande, como para que estemos más pendientes, del remordimiento o pecado, que de nuestra conexión con lo divino. Es por tanto, cuando estamos libres de pecado, sin remordimientos, cuando sabemos al 100% que lo estamos haciendo bien, independientemente de que lo podamos haber hecho mal involuntariamente, porque si es así, no somos responsables de ello, y hay ausencia de remordimiento.

Y ahora es cuando enlazo un tema con el otro:

Ahora que está tan mal visto todo lo católico, los curas, y demás, con sus pedrastias y malos tratos a niños en el pasado...¿No es más fácil encontrar lo bueno, donde se predica lo bueno? Independientemente que allí te encuentres frutos podridos o gente que es mala.

¿No será más fácil encontrar lo malo, allí donde se encuentra la maldad? Independientemente que allí te encuentres gente buena, y con buenas intenciones.

Por tanto, será más fácil encontrar a gente corrompida, de malos hábitos, con malas intenciones en el mundo de las drogas, que en otro mundo, donde se supone que debe haber cosas buenas.

Es por ello que decía, que si estás andando por la oscuridad, por la negatividad y el sufrimiento, es fácil que uno se relacione con gente de la misma calaña. Del mismo modo que un artista, suele encontrarse a muchos otros artistas por el mundo, o un músico a otros músicos; por una ley, a la que no he encontrado nombre, que consiste en que según por los terrenos que uno se mueva, irá encontrando gente relacionada con lo que ando buscando. Es como magia. Y uno se apunta a yoga, por ejemplo, y ya no es que te encuentres a otros yoguis por el gimnasio, es que automáticamente, comienzas a ver yoga por todos lados, a ver información relacionada con el tema, que antes no se te mostraba y demás. Seguro que entiendes a qué me refiero.

Del mismo modo, si uno se mete en un mundo de oscuridad, con la misma magia que le hacía al practicante de yoga encontrar información y gente de esa disciplina, hará que uno se encuentre con gente oscura, siniestra...

Y ya no digo que las drogas son malas. Es que ya de por sí, al ser algo ilegal, hace que este tema lo lleven los delincuentes, y esté plenamente relacionado con lo ilegal, la delincuencia y la maldad.

Esto me vuelve a llevar al tema de la legalización. Si las drogas (Todas) estuvieran legalizadas, no tendrían este aura de maldad, de ilegalidad (obviamente) y de oscuridad.

Por supuesto que seguiría habiendo adictos a esas sustancias, pero, ¿No hay adictos al tabaco o al alcohol, y ya están más que requetelegalizados?

Prueben los gobiernos a ilegalizar el alcohol, y estén dispuestos a pasar un infierno como el que sufrió EEUU allá por los años '20.

Y no quiero ni imaginar qué pasaría si ilegalizaran el tabaco.

Señores, y esto va ya dirigido a los gobiernos, ¿Qué disparate es ese de ilegalizar el tabaco? ¿Ustedes se creen que se va a dejar de fumar en los hospitales y en los trabajos por el hecho de estar prohibido? Los mismo enfermos ingresados en el hospital, fuman, y si no les dejan fumar, se van, o a la calle o a los pasillos. Los enfermeros, y los mismísimos médicos, también fuman...

NO VAN A CONSEGUIR QUE LA GENTE DEJE DE FUMAR, con la prohibición, lo que van a conseguir es que haya un disparo del consumo de tabaco, independientemente de que suban los precios. 

Esto me parece más, una estrategia para ingresar más dinero a las sacas del gobierno, por parte de los impuestos de las labores del tabaco, que de cuidar de nuestra salud.

Juan Montoya López